VÉRTIGO

Ellen Benítez (Autor)

 





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Sinopsis

Y después qué?
Has llegado al final del viaje. Has visto a María, Ellen,
Alice o a Cherry Bomb mutar, brillar, reducirse a cenizas y
resurgir para un nuevo punto de partida.
La literatura precisa tiempo, y el tiempo es una ilusión en
esta nuestra sociedad de expresión en cuarenta caracteres. Si
has disfrutado de los poemas que tienes entre las manos, algo
se te escapa; si has dudado con ellos, poco has reparado en el
imaginario visual de nuestra autora. ¿Cómo conocer, entonces,
a Ellen Benítez? Personalmente, mi idea conceptual de Vértigo
es la constante reproducción de los planteamientos del ser, del
estupor de abrir brecha y descubrir que cientos de posibilidades
nuevas sustituyen al axioma único del que partimos antes de
leer libros, escuchar música o visualizar obras pictóricas. La
tabula rasa comienza a llenarse con lo que somos
intrínsecamente y lo que asimilamos de nuestra circunstancia.
Unos términos orteguianos que Ellen esconde entre verso y
verso y muestra con agudeza de cuando en cuando.
Difícil y mal pagada es la labor introspectiva. Es duro
aceptar la dictadura de un único Dios, decían los maestros
Manolo García y Quimi Portet en Astronomía razonable. Me
permito añadir que aun más duro es aceptar la dictadura sin
mostrar disconformidad. Razonar, dudar, cambiar, contradecir,
indagar, esa es la tarea existencialista que recogemos tras una
primera lectura de Vértigo. La segunda, tercera o cuarta
promete nuevos caminos, tal vez más complejos a medida que
el conocimiento ramifica sus generalidades.
Desde ahora, la búsqueda también es tuya. ¿Vértigo, querido
lector?
Y es que nadie dijo que la literatura fuese fácil.

Detalles del Libro


ISBN/13:

Num. Páginas:

Tamaño:

Año de publicación:

Editorial:

Categoría:

9788494831621

124

160 X 230 mm

2018

Grupo Tierra Trivium

Poesía de poetas individuales

Ellen Benítez (Autor)

Escribo desde que aprendí a escribir. Tengo todavía guardados cuentos que escribí en primaria, con la calidad y la huella de una niña de primaria, pero a los que les tengo mucho cariño. Tenía un viejo libro de literatura de cuando mi madre iba al colegio, y recuerdo que me fascinaban poemas como El niño que ahogó a la luna de Zorrilla, A Margarita de Rubén Darío, o La Canción del Pirata de Espronceda. Eran historias contadas de forma poética que me inspiraban muchísimo. A partir de ahí empecé a escribir mis propios poemas, que hasta la adolescencia todavía rimaban y eran métricamente correctos. Supongo que una se deforma con el tiempo.

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