Y entonces, me traslado sin esfuerzo a mi infancia para recordar a mi padre, Honorio, contando relatos, cuentos, canciones o recitando poesías, con las que agarrar y entretener al improvisado auditorio pendiente, con la mente y la boca abierta, de sus historias que nunca aburrían.Dicen que “las palabras se las lleva el viento”
pero sé que muchas de las que contaba o recitaba mi padre
aún revolotean dentro de mí.
Y para que no se pierdan en el viento del olvido, tenemos el maravilloso recurso de la escritura, que nos ayuda a recogerlas y confinarlas en el redil de la memoria.
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