El poemario se compone de cuatro partes: Día a día, A paso lento, Impasse e Ignorado destino. En las cuatro partes el tiempo es el elemento común vertebrador. Día a día. El tiempo se desata temible, capaz de pasar por encima del amor. A paso lento. El amor y la muerte ceden ante el tiempo, el amor como esperanza, esa luz cegadora que da paso a la desorientación y a la difícil armonía de lo cotidiano. Impasse. Convive lo prosaico del tiempo, incluso lo que tiene de absurdo e incomprensible, mezclándose con los sueños, ese tiempo dentro de otro tiempo. Ignorado destino. Se impone lo desconocido, lo que es inevitable, aunque no alcancemos a comprenderlo.
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