“Las estrellas nos recuerdan que, después del caos, se puede brillar”. En no pocas ocasiones nos han repetido que lo que no se nombra, no existe. Y en parte es cierto, porque las palabras dan forma al mundo. Pero no siempre es así. La ausencia de palabras produce mayor sufrimiento y desasosiego, el hecho de no poder identificar un sentimiento, o el paisaje emocional de uno mismo, no hace que esa realidad desaparezca, sino que nos desborde y nos termine asfixiando. La poesía de Paula Aladro, una arquitecta de la palabra, nos ayuda a construir un poco mejor nuestro mundo interior, con la única materia prima de la sensibilidad. David Martínez, Periodista.
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