Tomar la quietud definitiva del animal como espejo de la nuestra, irse «adonde van los perros cuando mueren» no es partir a ninguna parte, sino permanecer en el único cielo posible: la memoria de quien nos recuerda. Una memoria que a los personajes de esta obra a veces les falla, se les ausenta o les trae de vuelta a sus seres queridos convertidos en monstruos.
Este libro es una colección de historias que exploran la marginalidad de una Hispanoamérica perdida en el tiempo, el espacio o los recuerdos. Vidas y muertes muy perras y muy humanas, que van desde un realismo tan cruel que atemoriza hasta un terror tan real que entristece. En ellas lo cotidiano y lo fantástico se confunden. Se echan de menos. Se anhelan.
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