Un ladrón de arte con más años de los que atestigua su carnet —buena parte de ellos pasados entre rejas— planea una jubilación dorada en el Caribe. Para costearla pretende vender un Sorolla, el botín de su gran golpe, que lleva escondiendo treinta años. El comprador será un expolítico canario amigo de las puertas giratorias. Para cuadrar el círculo, antes de la venta fingirá su muerte, en lo que en apariencia parece un simple crimen de venganza. En su perfecto plan imperfecto arrastrará a fuerzas del orden, transportistas del narcotráfico y algún pobre inocente sin más pecado que el aburrimiento.
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