20 años separan, si no fallan mis cálculos, la composición de estos poemas del momento actual, y no los podría releer en mejor momento. En 1999-2000, en mi temprana adolescencia, aún no había adquirido ni la madurez ni la experiencia afectiva necesarias para apreciar en su plenitud un canto que explora los picos y las profundidades del alma humana, siendo tan épico, tan emotivo, pero a su vez sumamente erudito y rítmico. Pero no se engañe el potencial lector: nos encontramos ante un texto fluido como la música, que resulta elegante, pero no críptico. Los héroes de la mitología y de la tragedia griega son aquí, por sus trayectorias, no un aditamento superfluo, sino los receptores de una catarsis íntima en la cual cualquiera que haya amado puede fundirse.
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