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Bosques de cristal

Bosques de cristal

Raquel Gutiérrez Royo

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Abrir las páginas de este libro es ir encontrando pequeñas sorpresas en forma, por ejemplo, de un logotipo cuya chispa se encendió hace unos años y se ha madurado para esta publicación, o de una cita elegida por haberme sentido reflejada en ella desde que la leí, cuyo autor, amablemente, me permitió su inclusión.

Suaves y tranquilos pasos para adentrarnos en el camino a distintos parajes: sendas de tierra y ramas, pisadas sobre arenas, bajada a grutas internas de paredes y suelos encharcados, desiertos calcinados, lluvia urbana surgida de notas musicales, reencuentros importantes, ensoñaciones, cotidianidades que tiran de la atención para hacerse presentes, chispas de felicidad que inundan un instante...

La mayoría son poemas de versos libres, pero hay incluido algún que otro de versificación clásica. Pura añoranza.

En cuanto a su justificación prefiero la alineación al centro. Esta disposición contribuye y me ayuda a dar forma y a modelar visualmente la composición.

En este poemario están aunadas las dos grandes inclinaciones que más fuerza han tenido a lo largo del tiempo: la escritura y la imagen. No era la idea en un principio, pero surgió y fui cediendo a su influjo.

Son bosques arbóreos, de rocas y piedras, de agua dulce o salada, de viento, de hielo, de sol, de frescor, pero todos ellos resistentes y frágiles, por eso los llamo Bosques de cristal.

ISBN9788411750172
Páginas106
Tamaño150 x 210 cm
FormatoTapa blanda con solapas
Año2023
EditorialGrupo Editorial Círculo Rojo SL
IdiomaEspañol
TemáticaPOESÍA
14,50 €

Los precios incluyen IVA

En stock

Formato: Papel

Ficha técnica

ISBN
9788411750172
Páginas
106
Tamaño
150 x 210 cm
Formato
Tapa blanda con solapas
Año
2023
Idioma
Español
Temática
POESÍA

Acerca del autor

Raquel Gutiérrez Royo

La frase de Javier Sierra, que elegí precisamente por eso,
define con claridad uno de mis primeros recuerdos del comienzo de los años
escolares. Me gustaba dibujar las letras que iba aprendiendo e intentaba
representarlas lo más parecidamente posible a la muestra que tenía que copiar,
como tarea para hacer en casa.

Así pues, a pesar de que mi ámbito profesional fue por otros
derroteros, la escritura de poesía y las artes plásticas fueron muy de la mano
conmigo a lo largo de mi vida. Unas temporadas me dedicaba más a la escritura,
y otras me volcaba en el dibujo y la pintura. Más adelante se añadió la
fotografía, con su revelado y positivado en el cuarto oscuro, y años más
adelante se uniría el grabado, el sumi-e y la acuarela.

Confieso que cuando volvía a casa de la facultad, muchas
veces lo hacía caminando ensimismada con el cuaderno en una mano y el bolígrafo
en la otra desgranando palabras sobre el cuadriculado de la hoja. Más tarde,
cuando ya no era imperativo llevar material de escritura a clase, me
pertrechaba de papeles o libretas y bolis que repartía por bolsos y bolsillos.

Como cuento en el epílogo, ha habido algún distanciamiento en
determinadas etapas, imperativos vitales, búsquedas o encuentros, otros
aprendizajes, pero siempre llegaba la vuelta.

Siempre el retorno a lo más mío, a lo más íntimo de mí.

La frase de Javier Sierra, que elegí precisamente por eso,
define con claridad uno de mis primeros recuerdos del comienzo de los años
escolares. Me gustaba dibujar las letras que iba aprendiendo e intentaba
representarlas lo más parecidamente posible a la muestra que tenía que copiar,
como tarea para hacer en casa.

Así pues, a pesar de que mi ámbito profesional fue por otros
derroteros, la escritura de poesía y las artes plásticas fueron muy de la mano
conmigo a lo largo de mi vida. Unas temporadas me dedicaba más a la escritura,
y otras me volcaba en el dibujo y la pintura. Más adelante se añadió la
fotografía, con su revelado y positivado en el cuarto oscuro, y años más
adelante se uniría el grabado, el sumi-e y la acuarela.

Confieso que cuando volvía a casa de la facultad, muchas
veces lo hacía caminando ensimismada con el cuaderno en una mano y el bolígrafo
en la otra desgranando palabras sobre el cuadriculado de la hoja. Más tarde,
cuando ya no era imperativo llevar material de escritura a clase, me
pertrechaba de papeles o libretas y bolis que repartía por bolsos y bolsillos.

Como cuento en el epílogo, ha habido algún distanciamiento en
determinadas etapas, imperativos vitales, búsquedas o encuentros, otros
aprendizajes, pero siempre llegaba la vuelta.

Siempre el retorno a lo más mío, a lo más íntimo de mí.

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