Injusticia, criminalidad, xenofobia, racismo y discriminación. Estas son solo alguna de las palabras que podrían definir mi obra, una obra que describe lo que un padre padece y debe enfrentar por cometer un único delito: luchar por una custodia compartida de mis hijos; desde acusaciones de consumidor habitual de drogas hasta ataques indiscriminados contra mi familia o manipular a los niños con un único fin, cuestionar mi idónea paterna. Esto no es ficción, no es una película de Hollywood, aunque se parezca mucho; esto es una realidad, un sufrimiento por el que pasan cientos de padres por querer estar con sus hijos en las mismas condiciones que su expareja. Hoy día, si me hubiera rendido, sería un padre drogadicto, incapacitado, el enemigo público número 1, y hasta estaría institucionalizado en un cuarto de esos acolchados, porque, por desgracia, una práctica habitual es usar una discapacidad para hacer daño y cuestionarte como padre; para muchos letrados y personas es una forma de ejercer el derecho de defensa de su clienta.
Mi forma de denunciar esta discriminación es en forma de libro, donde se recogen vivencias, sufrimiento y mucho, mucho dolor, todo ello por ver el tiempo pasar, ver a tus hijos crecer; escucharles que te llamen abuelo porque pasan más tiempo con su abuelo materno que con su padre, y todo ello detrás de la barrera.
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