Cualquier mito nace de la exageración, pero en Aldehuela —ese microcosmos extremeño donde el tiempo se detiene a echarse un pitarra en la tasca de Juan el Chispa— los mitos son mundanos, tienen nombres y apellidos y suelen oler a guiso casero y a aire de dehesa.
En este carromato lleno de recuerdos, Manuel Ávila no escribe; más bien «transcribe», con la agudeza de quien lleva medio siglo escuchando más que hablando. Aquí encontrará usted aires y sabores con solera, pero también la enjundia de gentes nobles con denominación de origen. Vénganse a reír y llorar con ellos; atrévanse a sentir sus miedos y a tener sus anhelos.
A caballo entre la nostalgia y la ironía, estas páginas son un inventario de verdades sencillas, entresijos de pueblo y personajes que, cansados de esperar un tren que nunca llega, han decidido subirse a un carromato tirado por la mula Cantana con destino a ninguna parte. Un libro ideal para quienes saben que la literatura no necesita palabras grandilocuentes, sino conocer bien las raíces, los silencios y las costumbres de «los de siempre».
Manuel Ávila Marín es profesor de Geografía e Historia y escritor de Mérida que busca convertir la nostalgia y la tradición oral de Extremadura en fenómeno literario contemporáneo. A través de su alter ego —tío Antonio Chimirías— y su universo creativo, Ávila ha rescatado el habla, las costumbres y la idiosincrasia de la «España vaciada» para devolverlas al primer plano con una mezcla de humor, ironía y profunda humanidad.
Su estilo se caracteriza por una prosa costumbrista renovada, que huye de lo arcaico para conectar con los dilemas del siglo XXI. En sus relatos, el autor recurre a la «retranca sarcástica», que sirve tanto para la risa como para la reflexión sobre la vida, el paso del tiempo y la identidad.
La obra de Ávila ha encontrado un eco excepcional gracias a su capacidad para conectar con el lector a través de las redes sociales, donde ha creado una comunidad de seguidores que trasciende las fronteras de Extremadura. En sus tres publicaciones anteriores, Recovecos (2015), Trazos de papel (2016) y Al relente (2019), el autor comienza a explorar los «rincones» de la memoria colectiva extremeña, rescatando pequeñas historias que parecen insignificantes, pero que contienen la esencia de toda una región.
Manuel Ávila se define como un «hijo de su tierra» que escribe para no olvidar. Pero no es solo un cronista del pasado; es un observador omnisciente que utiliza sus personajes para ofrecer un legado de papel a las nuevas generaciones, invitándolas a «reír y llorar con los cinco sentidos abiertos».
Pasen, miren y escudriñen. Se vende esencia de la buena y, con suerte, hasta puede que se reconozca en algún espejo.
Aún no hay valoraciones. ¡Sé el primero en valorar este libro!