En esta ocasión, el ladrón de emociones viaja a Europa, América y Asia. Para perpetrar sus pillajes emplea complejas técnicas perceptivas, medicinas ancestrales y lecturas energéticas. Invito al lector a descubrir las diferentes personalidades que adopta el bandido en sus rapiñas y profundizar en las destrezas biológicas, psicológicas y parapsicológicas que utiliza en sus atracos. Un único consejo al leyente: no te identifiques con ningún personaje, porque te acompañará al siguiente capítulo, confundiendo las señales y reduciéndote a dócil presa emocional. Deseo que en el hurto que vas a emprender, tengas mucho éxito y poca suerte: un verdadero ladrón de emociones ha de ser impecable y no conceder al azar la oportunidad de medir sus actos.
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