En dos continentes, al mismo tiempo, una jirafa y una madre piden ayuda a las estrellas para que el nacimiento de sus hijos transcurra bien.
Años más tarde, por extrañas coincidencias, el animal y el niño se encuentran. Entre ellos surge un Vínculo espontáneo y muy especial: juegan, se imitan y se entienden como si fueran viejos amigos.
El descubrimiento de ese universo común —con la complicidad de las estrellas y la comprensión de la familia— ayudará al niño a superar sus inseguridades y el acoso de sus compañeros de clase.
¿Puede la dedicación y el amor influir en el movimiento de las estrellas? Los personajes así lo creen, y por eso acuden a ellas en busca de respuestas. Bajo su poder, los lazos de cariño y respeto entre ellos se fortalecen.
No somos el centro del universo: compartimos un diminuto planeta con otras especies, girando alrededor de una estrella común. Y, como nos enseña la astrofísica, somos fruto de la evolución estelar: estamos hechos de la materia de los astros, somos, en definitiva, hijos de las estrellas.
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