No existe concepto verdadero y definitivo que describa las relaciones sociales que establecen y reproducen los individuos en un momento determinado, pues estas son el producto de cambios históricos inabarcables. No obstante, hoy como ayer, aquella relación originaria entre el señor y el siervo, lejos de desleírse, se agudiza, se reactualiza. En la entrega del sí al amo y la servidumbre, el silencio y la soledad se van constituyendo como peculiaridades del temple humano. De manera que las relaciones de servidumbre y vasallaje no solo perviven, sino que fungen como principio estructurante de la subjetividad, y al cabo también de la objetividad. Salir del mutismo, así como de las mismas relaciones, el objeto del presente escrito.
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