Cuando desde muy joven, descubres que las firmes creencias en las que has sido educada y formada, se sustentan sobre columnas de barro, el impacto es demoledor. La razón y los sentimientos entran en conflicto y continua ebullición, como la lava de un volcán enfurecido, que pugna por salir y expandir el fuego de sus entrañas.Algo parecido me ha llevado a escribir este libro, para aplacar en lo posible las tormentas de mi alma, al no comprender y, menos creer, en un Dios cruel, vengativo y misógino como el Dios de Israel. TODOS SABEMOS O, DEBEMOS SABER, QUE LA MATERIA NO CABE EN UN MUNDO EMPÍREO.
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