Este no es un libro técnico. Es el relato de un viaje.
Durante cuarenta años en el universo de las tecnologías de la información, Domingo ha recorrido una galaxia empresarial compleja, a veces, dominada por el lado oscuro de la improvisación. Su misión: implantar la cultura de la calidad donde pocos veían su verdadero poder.
Ha atravesado desiertos de escepticismo, reuniones sin fuerza y proyectos imposibles. Pero también ha encontrado aliados, formado aprendices y presenciado despertares que demostraban que hacer las cosas bien no es una utopía, sino una elección.
No ha sido un camino fácil. Ha tenido que explicar, convencer y volver a empezar más veces de las que hubiera querido. Y, aun así, nunca dejó de creer.
Estoy hasta las narices de dar explicaciones es una travesía de perseverancia, humor y convicción. Una invitación a quienes siguen defendiendo la excelencia en entornos que aún no la entienden. Porque implantar calidad no es imponer normas. Es sembrar futuro. No se trata de procesos, se trata de personas y de no rendirse cuando sabes que estás haciendo lo correcto.
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