No cabe duda de que el poder está en la mente. Esta afirmación nos vale para cualquier circunstancia, por adversa que esta sea. A su vez, una sana disposición mental será el fundamento para que nuestra voluntad se mantenga en pie. La salud, un bien imprescindible, no es valorada como se merece en tanto se disfruta. Tal lo dijo Melibea: «¡Oh, ingratos mortales! ¡Jamás conocéis vuestros bienes, sino cuando de ellos carecéis!». Se toma en serio cuando acusamos su deterioro. Si bien, llegados a este extremo, disponemos del agarradero antes nombrado. Y ese poder mental, como canto a la vida y en busca de la luz, ha creado estos versos agrupados en dos partes, bien dejándonos llevar por el «asombro», bien practicando el «elogio». Todo «ilustre» y «desocupado» lector, como se dice en el prólogo con palabras cervantinas, aquí no encontrará simulación, sino verdaderas y humanas vivencias.
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