Este ensayo postula que el entorno que habitamos es un mundo-diseñado, donde la arquitectura, los objetos y las infraestructuras no solo organizan la realidad física, sino que configuran nuestra identidad, cultura y comportamiento. Bajo la premisa de que "diseñamos nuestro mundo y nuestro mundo nos diseña", la obra cuestiona los paradigmas actuales centrados exclusivamente en la eficiencia y la tecnología. En su lugar, propone una reorientación ética basada en la humildad, la imaginación y la generosidad. Definiendo el concepto "para toda la humanidad", la autora aboga por una práctica profesional que trascienda la técnica, priorizando el cuidado de los ecosistemas, la sostenibilidad y la justicia social sin renunciar a la viabilidad económica, planteando el diseño como una herramienta fundamental para el bienestar colectivo y el futuro de la especie.
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