En el otoño de 1958 un joven bañés de dieciséis años decide emigrar a un pequeño poblado minero localizado a tan solo unos pocos kilómetros de su pueblo natal. Allí, comienza a trabajar en la mina de Valborraz, uno de los principales bastiones de wolframio en España, que había gozado de especial protagonismo durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Veinte años después, tras más de una década y media de inactividad, la mina de Valborraz se convierte en una reliquia del pasado. En este escrito se cuenta la historia del último de los habitantes y del último de los protectores de tal reliquia.
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