Esta obra analiza el papel fundamental de la familia y el Estado en la educación de los hijos, cuestionando la creciente tendencia a centralizar la formación en el ámbito estatal bajo una visión ideológica única. A través de un enfoque que combina antropología, derecho natural y doctrina social, el autor defiende el derecho preferente de los padres a educar a sus descendientes según sus propios valores, advirtiendo sobre las consecuencias de despojar a la familia de su identidad y su misión educativa frente a la influencia de un modelo de sociedad laicista y excluyente.
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