¿Qué queda cuando la miseria se convierte en rutina y el recuerdo es lo único que no se pudre?
La losa no es un libro de relatos al uso. Es la voz de una sierra que aún sangra. Es el murmullo de una aldea de Albacete donde los niños aprendían a sobrevivir antes que a leer, donde el frío se metía hasta en el alma y donde el silencio guardaba secretos que dolían más que el hambre.
Bernardo Zamora escribe como quien escarba en la tierra con las uñas, con la rabia de quien no olvida y la ternura de quien, a pesar de todo, amó esa tierra. Aquí no hay nostalgia de postal, sino verdad sin filtros: putas, caciques, pobreza, dignidad. Y humor. Un humor que alivia, pero también raspa.
Cada relato es una herida abierta contada entre cervezas, entre amigos, entre recuerdos que no saben estarse quietos. Entre refranes, palabrotas y mucha vida.
Este libro es un homenaje a los que no tenían nada, pero lo dieron todo. Un ajuste de cuentas con la historia que nunca se escribió. Y una invitación a mirar atrás, aunque escueza.