Hay viajes que no comienzan con una maleta, sino con una herida.
En La silla de plástico, el autor se lanza a una travesía que no es turística ni teológica, sino visceral. Desde las calles bulliciosas de Tel Aviv hasta los pasajes ocultos de Jerusalén, pasando por refugios antiaéreos, plazas zodiacales y conversaciones con taxistas, médicos, pastores y pescadores, esta crónica se convierte en una búsqueda a pie, con el alma abierta y los zapatos gastados. Es el testimonio de alguien que se atreve a preguntarse si el Mesías puede aparecer en lo cotidiano, en el estrés de la guerra o en una silla plástica frente al Muro de los Lamentos.
Con una voz cercana y honesta, el autor nos ofrece un viaje interior anclado en escenas concretas, refranes, sueños y silencios que duelen. La tierra de Israel, con su carga histórica y espiritual, no se presenta como un decorado místico, sino como una herida viva que interpela al viajero: ¿estás dispuesto a ver lo sagrado donde nadie lo espera?
Este libro no busca dar respuestas. Más bien, si hace bien su trabajo, te hará preguntas nuevas. Y tal vez, como el autor, también te encuentres un día sentado en una silla de plástico, preguntándote si el Mesías no está justo ahí, disfrazado de normalidad.
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