No es necesario entender de arte para opinar sobre él. De hecho, no es necesario ser experto en nada para opinar sobre cualquier tema. Cada cual es libre de lanzar al aire sus pareceres, sean acertados o no. A fin de cuentas, una opinión es algo propio, personal y subjetivo.
¿Esta novela va sobre el arte? Yo diría que no. ¿El argumento se fundamenta en los ladrones de guante blanco? Esto se aproxima un poco más. ¿El tema gira en torno a la delincuencia? Apostaría a que sí. ¿La novela aborda la esencia de las relaciones humanas? Totalmente.
La gran cantidad de personajes que desfilan a lo largo de las páginas no facilita la labor de redactar una adecuada sinopsis. Por ello, creo más conveniente dar cuatro pinceladas que permitan intuir el trasfondo.
Por un lado tenemos al multimillonario Próspero y a su esposa Eva. A él le roban una obra incunable y ella lucha por mantener un matrimonio hecho añicos. Por otro, de la basura de los callejones surgen Lacôme y Dinky, unos delincuentes adolescentes que son reclutados por el narco Vicente. Y, por último, la policía: los detectives Belungo y Todonte investigan el inopinado robo.
Se sospecha que, en los entresijos del cuadro robado, Da Vinci escondió, en la antesala de su muerte, el secreto mejor guardado de su historia: un invento revolucionario y visionario que sorprendería a la humanidad. Ese es el valor del cuadro, lo que esconde, no lo que muestra.
El robo salta a la luz pública, lo que provoca que la obra resulte cada vez más apetecible, hasta el punto de que tanto los buenos como los malos deseen tenerla en su poder.
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