La autora del libro —una enfermera que trabajó durante las dos últimas décadas del siglo XIX en un importante hospital de Londres— descubrió a los doce años que poseía percepción extrasensorial. Con el tiempo, su madurez espiritual se fue profundizando hasta llegar a encontrarse con seres del «más allá», a quienes solía llamar ángeles.
Paralelamente, comenzó a realizar viajes astrales en los que solía estar acompañada por su ángel de la guarda. Gracias a estas experiencias, comprendió que la protección angelical no solo actúa en el plano terrenal, sino que perdura después de la muerte, facilitando la evolución del alma. Esta obra recoge el legado espiritual de la autora, forjado a lo largo de una vida dedicada al servicio de los demás.