Alejandra Rodríguez, una agente del OIJ, investiga la desaparición de un hombre hace treinta y seis años en Turrialba por un interés personal. Su indagación destapa una historia de intrigas, obsesión y brujería que está íntimamente relacionada con un femicida en el presente. Los espíritus de la naturaleza y las almas sin descanso traerán terror a esta investigación extrajudicial y convertirán un fin de semana en una pesadilla para la agente Rodríguez. Debió haber escuchado las advertencias: hay puertas que no se deben abrir y a los muertos es mejor dejarlos descansar.
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