Las sociedades no alcanzan la justicia o la solidaridad mediante la imposición de códigos o teorías externas, sino a través de la acción moral de los individuos que las componen. Esta obra sostiene que la moral social encuentra su clave en la autonomía del sujeto, capaz de realizar valores intrínsecos desde una libertad interna no condicionada. A través de un análisis fundamentado en la filosofía moral, el autor propone que los consensos universales son el resultado final de una moral individual de máximos, donde la excelencia y la responsabilidad personal guían el camino hacia la trascendencia ética.
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