Hay heridas que no se ven, pero se sienten cada día.
Angie solo quería tener amigos, tocar la guitarra, enamorarse sin miedo y que la vida dejara de doler tanto. Pero el mundo —el instituto, las redes, algunas personas— no siempre juega limpio. Esta es la historia de una adolescencia vivida con el corazón en carne viva: entre palizas en los baños, mensajes de odio, primeras veces que no deberían haber dolido y amistades que salvan vidas.
Rosas y espinas no es solo un diario; es un grito. Una confesión sin filtros de lo que pasa cuando te conviertes en el blanco, cuando quieres desaparecer y también cuando eliges quedarte. Es un viaje que va del miedo a la rabia, de la tristeza a la esperanza. Y en medio, la música, el kung-fu, los abrazos que llegan justo a tiempo y las amapolas que, aunque frágiles, siempre vuelven a crecer.
Este libro está escrito con la verdad de quien ha sobrevivido. Y si tú también has sentido alguna vez que no encajabas, que dolías más de lo que podías contar… aquí vas a encontrar una voz que te entiende.
Porque ponerle palabras al dolor también es una forma de empezar a curarlo.
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