A veces la vida no se rompe: simplemente se va deshilachando.
Pedro no vive grandes aventuras. No se sube a trenes que cruzan continentes ni pronuncia discursos memorables. Pero hay algo profundamente valiente en su forma de contar lo que sí vive: la rutina, la nostalgia, las canciones que suenan cuando uno se ducha o pasea en bici por Madrid. Las conversaciones de oficina que se convierten en algo más. Los partidos de fútbol compartidos con su padre. El deseo, callado y persistente, de no dejarse apagar.
Con una voz honesta y cercana, Siempre habrá un 28 es el retrato de una generación que aprendió a quererse entre pantallas, a sobrevivir al vacío de los domingos y a celebrar que estamos aquí, aunque a veces cueste saber por qué.
Una historia contada desde lo cotidiano, donde el amor no siempre es un final, sino un punto de partida.
Un libro que abraza sin rodeos y acompaña incluso cuando no se tienen todas las respuestas.
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