Hay historias que duelen tanto, que solo se pueden contar con las tripas. Esta es una de ellas.
En una casa donde el miedo mandaba y el amor se fingía, una hija decide romper el pacto del silencio. Con una voz directa, a veces rabiosa, otras temblorosa, Lucía reconstruye su infancia marcada por la figura de un padre centauro: mitad hombre, mitad monstruo. Entre hospitales, recuerdos y páginas que queman, la narradora se enfrenta no solo al pasado sino a sí misma. Y en ese viaje, aparece esa niña que parecía otra… pero que resultó ser ella misma.
Este libro no es una denuncia ni un ajuste de cuentas. Es un acto de supervivencia. Una manera de no volverse loca. De entender que escribir también es sanar, aunque escueza. Aunque duela a otros. Aunque lo nieguen.
No es solo un libro. Es el grito que muchas niñas no pudieron dar. Y también un abrazo para quienes aún cargan con lo que nadie quiso ver.