Carmen Aguilar Hernández
CAZ, Carmen Aguilar Hernández, nace el 18A3A1972, desde ese día hasta hoy, su curiosidad por la vida es su bandera.\r\nOcupa el segundo lugar de seis hermanos. Educada por unos padres adelantados a su tiempo, su infancia y su adolescencia se desarrollan en un entorno que potencia: el respeto, la disciplina, la alegría, el amor por el arte y la cultura y, especialmente, por la música.\r\nLa curiosidad hace que curse estudios de Psicología. La necesidad le obliga a estudiar Gestión de Empresas.\r\nUna mujer sin límite, sin frontera, emprendedora, inteligente y atrevida.\r\nEl conjunto de todo lo que es CAZ, hace que no necesite etiquetas de presentación. Una chica normal, que por curiosidad vive cosas extraordinarias.
Sus libros

Estaciones emociones
Ella pensó en voz alta:
¿Tengo todo lo que quiero? O… ¿Quiero todo lo que tengo?
En realidad… no tengo nada, mi alma es libre, mi corazón no tiene doma y, en cuatro estaciones he aprendido que, de sexo, no sé casi nada.
Para poder tener lo que quiero, primero tengo que saber qué puedo querer y, si no pruebo y experimento, no podré decidir. Por eso voy a aprender, sin inhibiciones, sin condicionantes. No voy a ser políticamente correcta, voy a sentir, voy a dejarme llevar.
Puso la playlist de Spotify CAZ. “Estaciones Emociones” y continuó cantando y bailando. Oh, oh, oh quiero ser libre para sentirme como me siento… Man, I feel like A Woman…

EL PLAN
Tres personas que no se conocen. Tres diagnósticos que lo cambian todo. Un médico, una administrativa y un estudiante se cruzan por azar —o por destino— en una sala de quimioterapia. Lo que empieza como un primer chute compartido acaba convirtiéndose en una amistad inesperada, brutalmente honesta y, contra todo pronóstico, divertida. A través de ellos, esta novela nos adentra en lo que nunca se dice del cáncer: los silencios incómodos, las bromas que salvan, el miedo que se disfraza de chiste y esa extraña lucidez que solo aparece cuando todo tiembla. Y por si fuera poco, llega Doña Juana —con sus plantas, su sabiduría y sus frases que se clavan— para enseñarlos a mirar la vida con otros ojos. El Plan no busca edulcorar la enfermedad. Tampoco dramatizarla. Solo contarla como es: absurda, jodida, llena de contradicciones… y, a veces, de belleza. Una historia sobre enfermar, sí, pero también sobre acompañarse, reír sin permiso y descubrir que tener cáncer no significa perderlo todo. Tres voces. Tres caminos. Una enfermedad que no tiene la última palabra.
