Carmen Rubio Ramos
Se llama Carmen Rubio y tiene 73 años.\r\nPor circunstancias familiares, no pudo ir al colegio. A los 46 años aprendió a escribir en escuelas nocturnas a las que asistía después de la jornada laboral.\r\nTiene el graduado escolar y la enseñanza secundaria, más el auxiliar clínico. Está casada y tenía dos hijos, pero hace dos años perdió a su hija, y desde entonces encontró alivio en la escritura, o lloraba o\r\nescribía. Es una gran lectora; su promedio de libros oscila entre tres o cuatro al mes.\r\nComo autores preferidos tiene a José Saramago y Fernando Aramburu.\r\nHasta ahora ha escrito tres libros, pero solo L´Esperança i la seva ombra lo ha enviado a una editorial, en este caso Círculo Rojo.\r\nAunque vive en Tordera (Barcelona), nació en Uleila del Campo (Almería).\r\nCon seis años sus padres se trasladaron a Tordera y aquí ha trascurrido su vida.
Sus libros

L’Esperança i la seva ombra
Son pequeñas historias de la viva vivida por mí.

Fanny
Una guerra no solo destruye familias, ideales y cualquier cosa que se ponga por delante. Esto lo saben bien los que vivieron la Guerra Civil española, pero aquella contienda, que enfrentó a dos bandos de un mismo pueblo, fue si cabe más dura, sobre todo para el pueblo llano, ese que trabaja duro para poder vivir dignamente, ese que no comulga con ideales y sabe positivamente que ningún ideal da de comer. Pelear entre hermanos por un ideal no tiene sentido. Fue esto lo que llevó a España a la época más oscura de su historia.

El ayer y el hoy
Es la historia de una mujer a través del tiempo. Mientras es joven, todo le sonríe. Cuando llega a la edad adulta encuentra la felicidad completa con el hombre que ama y que la ama. Pero el tiempo, que nunca se detiene, va mostrándole las aristas que la vida tiene reservadas para ella. Aristas por dentro y por fuera, hasta enseñarle la cara oculta del que será su destino, que nunca es el que ella esperaba. Así va transcurriendo una larga existencia en la que hay de todo, pero en la que predomina la felicidad y la creencia de que nada ni nadie se la puede robar. Pero la vida no siempre es justa y tristemente descubre que sí, que en un momento todo se puede truncar, que no puedes mandar en tu vida, aunque sea tuya, porque las normas no las pones tú, sino el destino. Así, lo que antes era alegría en un momento dado se convierte en tristeza, soledad, desengaño y, sobre todo, en el pensamiento de que «esto no es lo que esperaba».
