Hamath Sow
Sus libros

Involucración
Mina y Fatou son dos chicas víctimas de las rivalidades de sus madres. Son candidatas al bachillerato. Viven en una misma casa. Al presentarse al examen, la primera fracasa y la segunda acierta. Desde entonces, ya no viven en una armonía perfecta. La tensión se vuelve cada vez más viva entre ellas y sus madres. Sus amigas se involucran en los conflictos. Asistimos a una especie de ajedrez donde cada personaje trata de poner sus peones para salirse con la suya. Pero, al fin y al cabo, la decepción es grande. Las dos chicas pensaban que tenían buenas amigas. Sin embargo, se dan cuenta de que no son más que hienas que se cubren de piel de cabra. Mass es el padre de familia. Tiene dos mujeres. A pesar de todo, quiere encontrar a otra dama de los pensamientos. No va a bus¬carla tan lejos. Finalmente se enamora de la amiga de su hija, quien se suicida al encontrarles haciendo el amor. Ellos también ponen fin a sus días, pues no pueden seguir viviendo con esa vergüenza. Así, van muriendo como moscas. Por desgracia, ningún personaje hace favores al otro. Entonces, cabe situar las responsabilidades, aunque resulta difícil hablar en el nombre de los muertos. Pero lo seguro es que las dos madres no deben quedarse con la conciencia tranquila, ya que son culpables de lo ocurrido a sus hijas y a su marido.

La estancia en el pueblo sagrado
Walid es un joven empresario libanés establecido en Dakar desde hace unos años. Su hija es víctima de un secuestro y él se presenta en la Dirección de las Investigaciones Criminales para denunciarlo. Los especialistas activan la máquina de búsqueda, pero, además, su empresa quiebra.
Es el principio de un abanico de desgracias que se desploman sobre él y su mujer, Leyla, quien decide llevar a cabo una operación individual para encontrar a la niña. Cuando va a casa de un brujo famoso, este le da instrucciones para ir a buscarla. Leyla se lo revela a su marido, que se prepara para encontrarla. Antes de marcharse, le confía una maleta que contiene una suma de dinero abundante, pero en el camino es capturado por un grupo de individuos que quieren pedir un rescate por él.

El extraño en los suyos
A veces, hay realidades sociales que resultan ser enemigas de los seres humanos. Es el caso del sistema de castas que impide a la pareja de jóvenes senegaleses, Yoro y Rougui, casarse y ser felices. En efecto, se prohíbe su casamiento a causa de la regla de las castas en su etnia peul o toucouleur, que estipula que no se podrán casar, pues las castas a las que pertenecen no son compatibles para que se unan en un matrimonio, según la tradición. A partir de ese momento, deciden luchar para superar ese obstáculo. De esa forma, creen que su combate se resume en desafiar lo establecido por esas castas para poder estar juntos —aunque lo logren con la ayuda de otros—, pero van a entrar en conflicto contra unos hombres decididos a hacer respetar la genealogía en la sociedad, aun estando lejos de su país de origen y sus pueblos, donde se ha arraigado esa cultura antes de trasladarla después al extranjero, cuando emigran de Senegal a Costa de Marfil.

El no del padre pullo
El casamiento entre la joven Salla y Samba no trae felicidad, sino odio y resentimiento, pues se trata de un matrimonio forzado. Todo obedece a la voluntad ciega de sus padres, que les niegan la libertad de elegir. Desde la primera noche nupcial, el enlace queda marcado por la violencia: el marido agrede a Salla, que apenas tiene doce años. Salla es una alumna destacada en la escuela primaria del pueblo y se prepara para acceder al colegio el curso siguiente. Su futuro académico, alentado por su maestra, se ve truncado cuando su padre la obliga a abandonar los estudios para casarse. Tras la agresión, el joven es encarcelado y, más tarde, se exilia. Aun así, el padre se niega a permitir la separación. Siete años después, Salla, ya con diecinueve años, consolida su relación con Abdul, a quien ama desde la infancia. Cuando cree que por fin puede decidir sobre su vida, vuelve a enfrentarse a la oposición firme de su padre. Él le exige que se divorcie de su marido —que permanece en el extranjero— para casarse con el hombre que él ha elegido. Decidida a no someterse de nuevo, Salla abandona el hogar familiar y huye a la ciudad con la ayuda de Abdul, un joven ingeniero dispuesto a apoyarla en su búsqueda de libertad.
