Iván Maraña
Su libro

Pequeñas historias.
"Pues nunca entenderé, padre, cómo alguien monta un restaurante y recita de noche, sin llorar, “el pescado que ha entrado durante la semana”. Los que recuerdan los peces que han caído en la red son la base de la Nación; tanto, que yo quería atragantarme, tanto, que educar a los hijos en un restaurante es educarlos para la muerte: hay que hacerlo. Tú, no yo, doblaste el brazo a esos restaurantes pobres. Para mí era un milagro que de noche cenáramos el helado triste del postre. Pero tus manos traían el dinero a casa. Yo por eso respetaba tus manos. Y tú te llevabas en el restaurante la mano al bolsillo de la chaqueta, lo que era horrible en alguien tan bueno, pero yo olía el olor a cuero de la cartera y luego te miraba a los ojos."
