Jaume Cortés Boada, empresario actualmente jubilado, nacido en Barcelona en 1947 y vecino de Argentona (Barcelona), al cumplir los cincuenta años se inició de forma espontánea junto con su esposa Mari Carmen en el mundo de la navegación a vela. Desde entonces, no cesaron hasta completar el gran sueño de realizar la vuelta al mundo en su velero Bionic a lo largo de casi dos años. Ha publicado ya varios libros, mayormente de viajes a bordo de embarcaciones de vela, aunque últimamente ha publicado varias novelas, si bien el mundo de la mar se evidencia a menudo en casi todas ellas.
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Sus libros

La amenaza de Orquídea
Katia, una joven viuda espectacular, arrebata la empresa OSC al que fuera su antiguo jefe: Giovanni, a la vez que lo acusa del asesinato de su abuelo Mijael. Por otro lado, Arnau, después de un crucero de vuel-ta al mundo, vive una vida tranquila en su piso de Barcelona y anda enamoradizo de su asistenta Gertrudis. Mientras, Katia, que no para de acosar al que considera amor de su vida —Arnau—, se ve envuelta en una trama de asesinatos. Una amenaza nuclear lanzada por Giovanni pondrá en jaque a todos los servicios de inteligencia mundiales. La Amenaza de Orquídea se había activado. A todo esto, Arnau se siente perseguido por la policía y huye del país. Posteriormente, decide reunirse con Isabella en Portobello, una vieja amiga que conoció años atrás y con la que tuvo un hijo. No obstante, antes deberá hacer una escala en Las Palmas donde se encontrará fortuitamente con Sandra, una antigua amiga colombia-na con la que tiene algunos escarceos amorosos. La evidencia de la Amenaza de Orquídea se hace cada vez más patente, los gobiernos de todas las potencias mundiales ven amenazada a toda la población mundial. Con todo, Arnau decide evadirse de aquella situación que le estaba agobiando y emprende su viaje a Portobello con Mateo a bordo del velero Elíseo. Ya una vez reunido con Isabella y su hijo, Arnau siente y añora sus días de descanso en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona.

Desafío a bordo
Cruzaron el Océano Atlántico y el Pacífico, el Mar de Tasmania, el Océano Antártico y el Índico, el Mar Arábigo y el Mar Rojo. Se pasó por el Estrecho de Gibraltar, el de Magallanes y el Canal de Suez navegando a través del desierto. Cruzaron el Ecuador, el Trópico de Capricornio y el de Cáncer, el Meridiano de Greenwich y, finalmente, el Antimeridiano de Greenwich, también conocido como la Línea Internacional de Cambio de Fecha que permitió, saltando un día, viajar en el tiempo. Exploraron los tesoros de nuestro mundo justo hasta el 10 de marzo en Wellington. Luego, hubo que enfrentarse a la realidad y abandonar un hermoso sueño. Una dura realidad que en el mundo ha alejado y aislado a las personas a causa de la COVID-19. Mientras que a bordo de MSC MAGNÍFICA, todos, huéspedes y tripulación, estuvieron más unidos que nunca. Y gracias a este nuevo espíritu de fraternidad, todos afrontaron el largo retorno como una gran familia. Una familia compuesta por huéspedes y también una tripulación que, a pesar de estar lejos de sus seres queridos en aquellos difíciles momentos, trabajaron incasablemente, sin perder nunca su sonrisa. Una sonrisa que permanecerá en la memoria de todos como el recuerdo más hermoso, incluso después de este largo viaje.

Lola
A través de una serie continuada de monólogos, Lola, desde donde se encuentra, en el otro lado, ha querido contar en detalle gran parte de lo que ha sido su vida, la que compartió con Arnau y la de este después de la desaparición de ella en el trágico naufragio del Estrella de Oriente. Lo hace con la esperanza ciega de que sus relatos puedan llegar a él. Asume, no obstante, que sus deseos son un imposible, pero no desiste en su empeño porque tiene necesidad de hacerlo; tal vez para redimirse mientras permanece en el otro lado. Al final, se ve recompensada y reconoce que su esfuerzo no fue inútil.
A partir de aquí, empezaría otra historia, la de la lenta renovación de la personalidad de Arnau Benavides, la de su regeneración progresiva, después de sus varias tragedias que condicionaron su existencia: la desaparición de su esposa y, sobre todo, el desprecio y resentimiento de su hijo Adriano. La etapa de su nueva vida emprendida con Isabella y el hijo de ambos, José, lo trasladarán a una realidad totalmente ignorada hasta entonces; volverá a ser un hombre feliz, a recuperar la autoestima y las ansias de vivir.
Por supuesto que la citada como caja de Pandora quedó cerrada a tiempo, evitando que el espíritu de la esperanza, el único bien que los dioses habían dejado en su interior, pudiera escaparse: «La esperanza es lo último que se pierde». Digamos que, a pesar todo, en el fondo, Arnau seguía manteniendo la esperanza de un reencuentro futuro.

