Javier Rojas Antolin
Su libro

Un Recuerdo Que no Quiso Morir
Hay un lugar donde el mundo no se recorre… se siente. En Un recuerdo que no quiso morir, Liones no es un universo al uso: es un espacio vivo que responde a lo que llevamos dentro. Allí, Iria avanza acompañada por Kael, Lysa y un niño sin pasado a través de «Zonas» que no se cruzan con los pies, sino con las emociones. Cada una la enfrenta a algo distinto —la culpa, el miedo, el amor que no llegó, lo que se pierde, lo que se calla— mientras descubre que el verdadero viaje no es hacia fuera, sino hacia aquello que nunca se atrevió a mirar. Pero cuanto más se adentra, más evidente se vuelve una tensión que lo atraviesa todo: algo en Liones está cambiando. Las memorias ya no encajan, las decisiones empiezan a pesar antes de tomarse y el propio mundo parece responder a lo que Iria elige… o evita elegir. Entonces, la pregunta deja de ser qué está pasando para convertirse en qué está dispuesta a sostener y qué tendrá que dejar ir. Este libro no te lleva de la mano: te invita a detenerte, a reconocer lo que también te habita y a aceptar que no todo puede resolverse. A veces, comprender es suficiente. A veces, no elegir ya es una forma de elegir. Porque hay historias que no se leen para escapar, sino para mirarse sin apartar la vista.
