Juan Alonso Palacio
Sus libros

La morucha
Un hombre conoce en el mercadillo de una isla del archipiélago balear a una misteriosa y reservada adolescente de aspecto desusado. Con suma paciencia y a fuerza de respeto y de cariño, consigue que le vaya desvelando el complicado camino que el azar la obligó a recorrer hasta llegar a esa extraordinaria situación de supervivencia que le tocó vivir. Una saga familiar, que se remonta hasta los abuelos de La Morucha y que se va desarrollando en dos escenarios europeos a lo largo de más de cuarenta años del pasado siglo XX. La novela nos relata con un estilo sencillo y directo las vicisitudes que tienen que enfrentar los personajes, sus artimañas para conseguir sus propósitos, los dispares destinos a los que las circunstancias les empujan y los sorprendentes afanes que han de realizar para subsistir en épocas duras y países difíciles. España y Rumanía se dan aquí la mano a través de esta enigmática y resuelta muchacha que ganó, y que luego de a poco le fue siendo arrebatado, aquello que amaba y que con ingenio y tesón había logrado conseguir.

Cuentos Alfabéticos
Hay historias que caben en una página y, aun así, te acompañan durante días. Cuentos alfabéticos reúne más de sesenta relatos breves ordenados de la A a la Z, como si cada letra fuera una puerta distinta a la condición humana. No es una antología al uso, sino un recorrido consciente y medido: piezas autónomas que dialogan entre sí a través de un mismo pulso narrativo, sobrio y preciso. Aquí lo cotidiano se quiebra en un segundo. Una discusión de pareja, una excursión al monte, un viaje en metro o una cena aparentemente normal pueden girar de pronto y revelar lo que estaba oculto. Juan Alonso Palacio domina la distancia corta: entra en la escena sin rodeos, dibuja a sus personajes con apenas unos trazos y, cuando el lector cree tenerlo todo claro, desplaza el sentido con un final que obliga a releer lo anterior. Relatos como «Desamor», «El análisis» o «Divertimento» lo demuestran con una mezcla de tensión contenida, ironía y un silencio que pesa más que cualquier explicación. El libro transita por la culpa, la soledad, el deseo, la rutina y la muerte. A veces roza lo fantástico o el absurdo; otras, se queda pegado a la tierra, observando cómo actuamos cuando nadie nos mira. No hay sentimentalismo ni adornos innecesarios: solo una mirada limpia, casi quirúrgica, sobre lo que somos capaces de hacer y de callar. Este es un volumen para leer a sorbos o de un tirón, para detenerse después de cada cuento y dejar que el eco haga su trabajo. Porque en estas páginas no hay moralejas fáciles, pero sí una certeza: en lo breve también cabe una vida entera.
