Luis Ezquerra Escudero
Sus libros

Noche de barrio húmedo
Noche de Barrio Húmedo: “Barrio Húmedo de León. La sensualidad en las calles. Una noche y un reencuentro de excompañeros de Instituto. Una noche y una oportunidad para Héctor y Perséfone; sus cartas: a todo o nada. Montaraces luchadores en una batalla de imposibles. Amotinados contra su naturaleza, enamorados por lo que son. Perséfone, atractiva y sin rodillas, fogosa y vehemente. Héctor, frío y vacío. Perséfone y Héctor, igual sensibilidad en un orbe tan distinto. Acompañados por dos parejas amigas que, a veces, campean enemigas. Belinda, amiga de sangre de Perséfone, Patroclo de Héctor, y en el desencuentro, el Pelirrojo y Helena. En un entorno que rezuma vidas presentes y pretéritas, el Barrio Húmedo de León, con sus historias, sus dimes y diretes. El entorno condiciona el sentimiento, la plaza San Martín, la calle Matasiete, la plaza Mayor, la plaza del Grano, el cementerio de León, su Catedral, los embates de religión, la moral y los escarceos sensuales y sexuales. Y el mundo se confunde, se malea y surge el turbión humano con sus giros y movimientos desnudos”.

Mañanitas
Hay cuadros, no es de razón entenderlos, sino sentirlos reventando las emociones. El cuadro de Guernica, una explosión. Un impacto emocional. Mi poesía, pretendiendo el impacto emocional, en las escasas emociones que la naturaleza nos concede. El día, con su ruta. La mañana, alegre, sol y luz. La tarde, con sus experiencias de razón, los porqués, temor en el ocaso. La noche, oscura y pavorosa, o el desenfreno, allá, en lo desconocido. Tras mi poemario erótico, Íntimos y tocamientos, me atrevo con Mañanitas, esas emociones que rondan la primera etapa, el despertar, tan luminiscente y tan existencialista del ya, del ahora. Lo ideal amasado con las experiencias, inextricable tal comunión. Y pare deseos y rechazos a poco tardar.

El asesinato del puto perro del Huraño
Por la carretera de El Marquesado (Granada). En un pueblo con su calle la Amargura y su calle el Agua, ya enterrada. El mal se agita sádico en el Huraño y remueve a las víctimas y bebe violencia. Lenguaje de dolor y sangre. Y el pueblo calla, y calla ese personaje de claroscuros, el cartero, cuyo lenguaje es de detective. Un detective con mayúsculas que sus convecinos rebajan a minúsculas y se mofan. Y el mal y el bien se amasa. Un asesinado, el perro del Huraño, nominado «puto perro» por su violencia a dentelladas. El Huraño lanza su cadáver sobre la mesa del bar Ave Fénix y señala al Cartero. A juego de vida o muerte, sin otra razón que la necesidad. Un relato de claroscuros, el alma de la novela negra. El claroscuro.

Las cárceles de Lucía
La lucha por el poder es el camino, la vida de Pepa. Muy inteligente, muy preparada y muy capaz, y con esa necesidad de respirarse viva, la contienda del poder está incrustada en su ADN. En tal liza solo cabe estar arriba y siempre en lo alto. Si caes, te descabezan. No le interesa la condición de mujer, de madre. No ocupa ni uno de sus espacios. «Espero que lo entiendas, Lucía. No me interesas». Lucía desconoce cuál es su lugar, su condición. Intenta respirar en un mundo vacío, sacar la mano de la oscuridad absoluta, que alguien la tome y la conduzca a la luz, a la vida emocional. «No tengo madre, Pepa. Nunca la he tenido». Y los acontecimientos carecen de conciencia, bondad o maldad, simplemente, acaecen, impersonales. No pretenden corregir nada. Ocurren y punto.
