Manuel Pena Otero
Sus libros

Afectos
«No fui educado para conocer la verdad, sino para aceptar la verdad de otros». A partir de este aforismo, Manuel nos invita a adentrarnos en lo más profundo de nosotros mismos en la búsqueda de la propia verdad, que nos permita averiguar y descubrir el propósito de esta deliciosa experiencia de la existencia con su colección de dramas, donde todos estamos demasiado ocupados, representándolos. Los poemas recogidos en este libro expresan con claridad la profundidad y vitalidad espiritual que los anima. Cada reflexión contribuye a sosegar la inquietud y el desconsuelo, a fortalecer el sentimiento íntimo de libertad que todos tenemos y a favorecer la esperanza y la confianza en nosotros mismos. Sus versos dan testimonio de la belleza y de la ternura que anida en el corazón de los seres humanos, exhortándonos a dedicar tiempo a lo más importante de la vida: nosotros mismos; convidándonos a experimentar nuestra comunión con el universo, a descubrir lo infinito en lo finito y a establecernos en la armonía y en la serenidad, eslabones de oro en la cadena de nuestra felicidad. Este libro resulta una sincera propuesta para descubrir otras formas de aproximarse al mundo, para celebrar la vida, apreciando la belleza de lo cotidiano y los afectos que el transcurrir de la vida va dejando.

Caricias para tu corazón
Algunas personas llegan a un estado en el que se dan cuenta que no están satisfechas de su vida; llegan a un punto en el que empiezan a buscar en otras direcciones e ir tras variados propósitos. Devenir un ser más comprensivo, desarrollando y elevando el entendimiento a grados cada vez más altos, intentando conocer aquello que uno es, en lo más profundo de sí mismo, puede constituir uno de esos propósitos.
El hombre se desarrolla íntimamente a través de sus más profundas reflexiones, en obediencia a lo que entiende como verdad, con el fin de alcanzar un nuevo nivel de entendimiento, un mayor nivel de evolución interior, que a todos nos aguarda. Para ello necesitamos acceder a un conocimiento que nos conduzca hacia un desarrollo superior, como humildes aspirantes Hesiel, que nos lleve a la siguiente etapa de nuestra genuina y real evolución. Un desarrollo, una evolución que nos conduzca a un renacer, un resurgir, que pertenece al hombre en sí mismo, al hombre íntimo, al hombre profundo y no al hombre que aparenta ser y que piensa que ya es.
Con la sabiduría que proporciona la intuición y con el debido respeto a las verdades individuales, confío en que cada uno descubra en este relato lo que puede serle útil, lo que es verdadero para él, pues tener interés en uno mismo es tener interés en la verdad.
