Miguel CM
A pesar de pasar el día desentrañando misterios digitales, Miguel CM siempre ha tenido una faceta más humana y, por qué no, algo artística: escribir. No es poeta ni novelista, pero desde hace años ha plasmado en palabras sus reflexiones, que suelen aparecer de manera inesperada (a veces en posición horizontal, otras bajo la alcachofa de la ducha, como si el agua o la almohada llevaran consigo una inspiración secreta). Esta vez, sin embargo, ha decidido apartarse de su zona de confort y aventurarse en un terreno menos explorado: el de los relatos eróticos. La pregunta del millón: ¿por qué? Bueno, la respuesta más sincera, y probablemente la única, es un desenfadado «¿por qué no?». Quizá se deba a esa curiosidad que lo ha llevado a probar y disfrutar experiencias nuevas, sin etiquetas ni reglas. En su vida diaria, Miguel se mueve entre códigos y algoritmos, buscando sentido en lo intangible. Pero sus talentos ocultos, como todo lo valioso, quedan entre líneas, esperando a ser descubiertos… o no.
Su libro

Yo Ya
Al otro lado de la pantalla, tus compañeros empiezan a discutir; a tus pies, mis besos rellenan tus muslos. Las yemas de mis dedos, mientras, recorren tu pierna, suave, llegando hasta la cintura y colándose ligeramente tras tu camiseta. No puedo subir más, la webcam está encendida. Desabrocho tu pantalón y, con tu ayuda y disimulo, lo bajo sin que nadie pueda intuir nada; la reunión parece interesante, pero más lo es lo que sucede bajo la mesa. Mi lengua, que ya se ha presentado a tu ingle, es ahora la que explora tu pierna, deteniéndose en la zona que te hace silenciar el micrófono. Por un momento, pienso en detenerme, pero eres tú quien utiliza su mano para retirar a un lado tu braguita, dejando claro que la reunión ha pasado a un segundo plano. Mi boca, que vuelve a estar cerca de tu mitad, exhala sobre tu sexo, para después encaminarse al nexo entre tu tronco y la pierna derecha, ofreciendo una dentellada antes de marchar. Mi lengua recorre tu muslo, desde la rodilla hasta, de nuevo, la ingle, donde vuelve a soltar un bocado. Mis labios se acercan sigilosamente a tu secreto, ofreciéndole todo su calor y, ayudados de la lengua, empiezan a mezclar, con cuidado, saliva y deseo. Pero… no empecemos por el final.
