Norberto Jorge García Mesonero
Su libro

Las Decantaciones del Mesonero
Durante cincuenta años, medio millón de personas pasaron por delante de su barra. Cada una lo movió un poco de sitio, como al vino lo mueve cada trasiego de una barrica a otra. En 2015, a los sesenta y nueve, aquel mesonero empezó a subir de madrugada a una piedra de la sierra de Madrid, con la libreta en la mano y un zapato que aprieta en el pie. No escribía para publicar. Escribía buscando alivio: dar con la causa de la hinchazón y quitársela de encima. Por eso, lo que salió de allí no es un diario ni unas memorias: son las páginas de la mañana de un hombre que intenta comprenderse mientras sigue viviendo. Se corrigieron las faltas y algún patinazo, y nada más. Lo demás va como salió: su verdad de aquel momento, con la poca luz que había entonces. Un aterrizaje visto en YouTube, una conversación con Carmen, su madre, un comentario de un cliente en internet. Cada cosa menuda abre de pronto una puerta y deja pasar. Detrás de una de ellas hay una carta a un padre muerto hacía treinta años. Al otro lado están el miedo, el trabajo, la vejez, el amor, la conciencia: ese viaje que todos hacemos, aunque pocos lo reconozcan como tal. Aquí no se enseña nada. Se abre por cualquier página y ninguna necesita a las demás. Y lo que uno encuentra, con suerte, no es al mesonero: es algo propio que estaba ahí y no había mirado.
