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Ozéano Alegre

Ozéano Alegre es mi nombre de guerra. Elegí este nombre cuando me di cuenta de que me había convertido en un guerrero. Mi guerra era la vida misma y mis enemigos eran —y siguen siendo— el deseo, el odio, la arrogancia, la intransigencia, mis vicios y adicciones, mis complejos, mis bloqueos, mis manías, mis resentimientos… Tenía la idea de que solo un guerrero entregado y con determinación puede enfrentarse a combatientes de semejante envergadura, y yo quería que mi nombre de guerrero estuviera a la altura de mis oponentes. El océano es una extensión de agua inmensa, insondable, muy profunda, con mucha vida interior y en constante movimiento. Me pareció un nombre muy adecuado, acorde con lo que buscaba. Ya solo necesitaba un apellido y quería que también fuera significativo, personal, que suavizara la contundencia del nombre y le aportara sonoridad. En ese momento llegó a mis oídos la voz de una antigua folclórica cantando: «Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá», y supe que no había mejor apellido para mi situación que aquel «Alegre». Así nació mi nombre de guerrero: Ozéano Alegre. Porque no hay celebración que se precie si no hay alegría.

Su libro

ANAVRIN

ANAVRIN

FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA86 pág.ISBN 9791370600914

Siddhi y Ananda han crecido caminando entre ruinas, sobreviviendo en una Tierra rota donde ya no quedan ciudades, ni religiones ni certezas. Solo polvo, silencio… y preguntas. Mientras otros aceptan que vivir es resistir un día más, ellos sienten que tiene que haber algo más, aunque no sepan nombrarlo. Todo cambia cuando la tierra los engulle. Lo que parece una muerte segura se convierte en un descenso hacia algo que no se puede explicar con palabras: un lugar donde la realidad se dobla, donde alguien —o algo— les enseña a mirar de otra manera. «¿Qué diferencia hay entre magia y una ley que aún no comprendes?» ANAVRIN es un viaje desde la devastación hasta la conciencia, una historia sobre dos jóvenes que aprenden a escuchar, a recordar y a sentir. Un relato que mezcla lo más humano —el miedo, el vínculo, la pérdida— con una pregunta que no deja de latir: ¿y si todo lo que buscas ya estaba en ti?