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Rafael Rodríguez Tapia

Sus libros

El principio de tolerancia

El principio de tolerancia

Ensayos literarios124 pág.ISBN 9788411993944

La tolerancia es, de los principios fundamentales sobre los que se asientan las democracias avanzadas, el más mencionado, esgrimido, arrojado, pervertido y degradado por la divulgación. Se presenta como deseablemente ilimitada, pero ¿no será esa ilimitación más bien una herramienta de destrucción de la democracia? Se propone a menudo como un regalo sin coste, ¿y no sería más conveniente exigirla también a quien la recibe? Estos problemas parecen amenazar a menudo la existencia misma de la sociedad democrática, cuando confluyen en la tolerancia incluso hacia quienes proponen su destrucción.

En esta obra se analiza el estado real del ejercicio de la tolerancia democrática y se recorren las condiciones con las que es necesario que esta cumpla (simetría y condicionalidad, entre otras), los obstáculos con los que se encuentra (por ejemplo, la confusión entre el ejercicio de la tolerancia política y la compasión privada) y los errores que se cometen al aplicarla (como la indiscriminación). Naturalmente, puede haber otras nociones de tolerancia, y se puede desear otros tipos de sociedad; pero es necesario ser precisos con la definición y el ejercicio de este valor si se quiere seguir cumpliendo con el mantenimiento y la supervivencia de las sociedades democráticas.

El principio de solidaridad

El principio de solidaridad

Ensayos literarios136 pág.ISBN 9788410739956

De ser la noción fundacional de la democracia de Pericles, la solidaridad ha pasado a convertirse, en la actualidad, en objeto de consumo o, como mínimo, reclamo publicitario de todo tipo de productos o actos sociales. Su ejercicio público irracional puede perjudicar a las democracias tanto como su desprecio; pero el universo de intereses generado a su alrededor hace prácticamente imposible la crítica.

Sin embargo, la solidaridad sigue siendo uno de los fundamentos de nuestras sociedades democráticas. Para que siga siendo así, es necesario comprender que hay grados de solidaridad (para la supervivencia, para la convivencia, para la vida democrática), y que no basta con el ejercicio del primero de ellos. Es imprescindible, además, someter a análisis a las innumerables organizaciones y asociaciones que, en general, en nombre de una posición política partidista, propugnan un tipo u otro de solidaridad, porque no cualquier tipo colabora con la democracia. Por otra parte, el irracionalismo populista hace todo lo que puede para imponer un modelo iliberal de solidaridad, siguiendo el cual se desprecian las necesarias condicionalidad, discriminación y temporalidad, que son las condiciones de una solidaridad políticamente constructiva.

Todo ello nos ofrece un paisaje que es necesario comprender, desbrozar y organizar, si queremos que, en efecto, la solidaridad sea útil a quien la recibe, pero al mismo tiempo lo sea para las sociedades que la ejercen.

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