Rocio Juarez
Sus libros

Septem
¿Qué estarías dispuesto a ganar por cometer el mayor de los pecados? ¿Desvelarías a la humanidad la respuesta a aquella pregunta que jamás nos atrevimos a cuestionar? La entrada hacia ese otro mundo ha dejado de ser un enigma para Mario. Ahora se muestra antes sus ojos el auténtico camino hacia la verdad, y la sala 56-A del Museo del Prado será testigo de ello. Ante él se abrirán las puertas de lo desconocido, el enigma mejor guardado, que durante años permaneció oculto en el interior del retablo La Mesa de los Pecados Capitales, del autor Jheronimus van Aken, El Bosco, y que, a la vista de todos, esperaba paciente a ser desvelado ante el Elegido, aquella persona capaz de descifrar los círculos, símbolos, visiones y profecías ocultos en él, sin cuestionar todo lo que tendrá que sacrificar para ello. Septem serán los retos que Mario tendrá que descifrar para descubrir el secreto mejor guardado de la humanidad. Nadie es quien dice ser y todos tienen miedo de enfrentarse, cara a cara, al lado más oscuro de su propio ser… su pecado. Y tú… ¿te atreverías a enfrentarte a él? Prólogo de Alberto Cerezuela Reflexiones capitulares. Soberbia: Jesús Callejo. Lujuria: Mariano Fernández Urresti. Gula: José Antonio Caravaca. Postrimerías: Cristina Lázaro. Envidia: Elena Merino. Avaricia: Óscar Fábrega. Pereza: Jesús Muñoz. Ira: Alicia Cerezuela.

Palabra de asesino
«Atrevámonos, como ha hecho la autora, a ser ellos, a entender sus motivos. Espantémonos con sus acciones. Sintamos el vértigo. Y aprovechemos el viaje para asumir que existen, que están cerca de nosotros y que pueden alcanzarnos». Fragmento del prólogo de Francisco Pérez Caballero, periodista especializado en crónica negra Porque antes de cada crimen hubo una palabra y alguien dispuesto a creerla. Palabra de asesino surge desde la propia voz de quienes cruzaron el límite. El lector conocerá el crimen a través de fragmentos reales, confesiones auténticas y declaraciones tangibles pronunciadas por los propios asesinos. Sin filtro. Ni censura. El microrrelato de después, de lectura incómoda, de imagen dura y tono perturbador, no pretende justificar, absolver, juzgar ni exonerar de culpa al asesino; tan solo nace del deseo visceral de adentrarme dentro de su mente criminal, sin perder la cabeza… o quizás para eso ya sea demasiado tarde. Cada texto debe ser masticado, saboreado y digerido sin prisas. Este libro no trata de buscar una respuesta a lo que hicieron, ni por qué lo hicieron, sino de hasta dónde estás tú dispuesto a acompañarlos. A sostener la mirada incómoda, a adentrarse en su mente y a leer su palabra. Amén.
