Sara Sanz Del Pozo

Me llamo Sara Sanz del Pozo y crecí en Usera, entre ladrillos color óxido, acentos mezclados y el olor a pan tostado de la panadería del barrio. No nací rodeada de libros antiguos ni en una familia de científicos ilustres; nací donde se aprende a espabilar pronto, a reírse fuerte y a estudiar con el abrigo puesto porque la calefacción se rompía más que se arreglaba.

La vocación me entró temprano: mientras otras niñas coleccionaban muñecas, yo coleccionaba hojas secas, bichos y datos absurdos sobre células. Mi adolescencia fue un laboratorio improvisado y, aunque la separación de mis padres y la crisis de 2008 pusieron las cosas cuesta arriba, también me enseñaron a trabajar sin perder la dignidad… y a hacer ciencia en medio del caos.

Gracias a mis notas me dieron una beca para estudiar Biología y más tarde para marcharme a Edimburgo. Aún recuerdo el día que pisé Escocia: la niebla olía a cuento gótico y la universidad parecía un castillo intentando no impresionarme. Yo disimulé, claro. Siempre disimulo cuando la vida me asusta un poco.

Después vino París, un doctorado, cafés demasiado caros… y el correo electrónico que nadie quiere leer: “Contrato no concedido”. Así terminé otra vez en casa de mi madre, con mi título de doctora colgado en la pared del salón como un recordatorio silencioso de que incluso las científicas podemos caer sin red.

Y entonces llegó febrero. Ese febrero que lo cambia todo. Acepté unirme, casi por accidente, a un proyecto internacional de salud reproductiva femenina en un pequeño emirato de la península arábiga. Un territorio de desiertos que respi...

Allí descubrí dos cosas a la vez: que millones de niñas siguen sufriendo mutilación genital en pleno siglo XXI… y que nada, absolutamente nada, te prepara para trabajar codo con codo con un hombre que tiene poder sobre tu destino y una mirada capaz de desmontarte entera. No pienso decir su nombre. Solo diré que es irritante, demasiado consciente de sí mismo y capaz de desordenarme la respiración con un simple “ven, necesito hablar contigo”.

En aquel país entendí que la ciencia no basta sin justicia, que la filantropía no sirve sin valentía y que las mujeres no somos heroínas invulnerables: somos humanas, apasionadas, contradictorias… y, a veces, peligrosamente atraídas por quien no deberíamos mirar dos veces.

Escribo porque hay historias que duelen si se guardan. Historias reales sobre niñas a las que les arrebatan algo que nunca debió estar en disputa; historias de supervivencia, de inequidad y también de amor —ese amor contradictorio, intenso y profundamente humano que aparece justo cuando más temes perder el control.

Mi nombre puede no aparecer en ningún pasaporte, pero mis pasos existen: en los hogares donde las niñas lloran sin entender por qué les arrebatan algo irreparable; en las noches donde el desierto ruge; en los recuerdos que dejaron marca. Si mis historias sirven para que una sola lectora mire el mundo con más valentía y compasión, habré cumplido mi propósito.

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Sara Sanz Del Pozo

Me llamo Sara Sanz del Pozo y crecí en Usera, entre ladrillos color óxido, acentos mezclados y el olor a pan tostado de la panadería del barrio. No nací rodeada de libros antiguos ni en una familia de científicos ilustres; nací donde se aprende a espabilar pronto, a reírse fuerte y a estudiar con el abrigo puesto porque la calefacción se rompía más que se arreglaba.

La vocación me entró temprano: mientras otras niñas coleccionaban muñecas, yo coleccionaba hojas secas, bichos y datos absurdos sobre células. Mi adolescencia fue un laboratorio improvisado y, aunque la separación de mis padres y la crisis de 2008 pusieron las cosas cuesta arriba, también me enseñaron a trabajar sin perder la dignidad… y a hacer ciencia en medio del caos.

Gracias a mis notas me dieron una beca para estudiar Biología y más tarde para marcharme a Edimburgo. Aún recuerdo el día que pisé Escocia: la niebla olía a cuento gótico y la universidad parecía un castillo intentando no impresionarme. Yo disimulé, claro. Siempre disimulo cuando la vida me asusta un poco.

Después vino París, un doctorado, cafés demasiado caros… y el correo electrónico que nadie quiere leer: “Contrato no concedido”. Así terminé otra vez en casa de mi madre, con mi título de doctora colgado en la pared del salón como un recordatorio silencioso de que incluso las científicas podemos caer sin red.

Y entonces llegó febrero. Ese febrero que lo cambia todo. Acepté unirme, casi por accidente, a un proyecto internacional de salud reproductiva femenina en un pequeño emirato de la península arábiga. Un territorio de desiertos que respi...

Allí descubrí dos cosas a la vez: que millones de niñas siguen sufriendo mutilación genital en pleno siglo XXI… y que nada, absolutamente nada, te prepara para trabajar codo con codo con un hombre que tiene poder sobre tu destino y una mirada capaz de desmontarte entera. No pienso decir su nombre. Solo diré que es irritante, demasiado consciente de sí mismo y capaz de desordenarme la respiración con un simple “ven, necesito hablar contigo”.

En aquel país entendí que la ciencia no basta sin justicia, que la filantropía no sirve sin valentía y que las mujeres no somos heroínas invulnerables: somos humanas, apasionadas, contradictorias… y, a veces, peligrosamente atraídas por quien no deberíamos mirar dos veces.

Escribo porque hay historias que duelen si se guardan. Historias reales sobre niñas a las que les arrebatan algo que nunca debió estar en disputa; historias de supervivencia, de inequidad y también de amor —ese amor contradictorio, intenso y profundamente humano que aparece justo cuando más temes perder el control.

Mi nombre puede no aparecer en ningún pasaporte, pero mis pasos existen: en los hogares donde las niñas lloran sin entender por qué les arrebatan algo irreparable; en las noches donde el desierto ruge; en los recuerdos que dejaron marca. Si mis historias sirven para que una sola lectora mire el mundo con más valentía y compasión, habré cumplido mi propósito.

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Pozos de pasión

FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
18.85€

Sara es una bióloga idealista y solidaria (y un pelín repelente), que ha puesto todo su esfuerzo en llegar a ser investigadora biomédica. Escondida entre los libros de texto y los de una contabilidad doméstica precaria ha dado la espalda al amor y su vida sexual es… inexistente. Tras varios meses en paro recibe con ingenuo entusiasmo la oferta de sustituir a una compañera en un proyecto para la promoción de la salud femenina en Oriente Medio con la OMS. Pero las cosas no si... Leer más

ISBN/13: 9788418369650

Num. Páginas: 302

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Romanticismo y otras coacciones

NARRATIVA ROMÁNTICA
19.9€

Sara es una bióloga que investiga sobre la salud reproductiva y sexual de mujeres de países en desarrollo. Tras unas vivencias espeluznantes en su primera misión como cooperante en un inestable emirato árabe, Sara reflexiona si abandonar y engrosar las listas del desempleo o... Leer más

ISBN/13: 9788419039125

Num. Páginas: 374

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Sexo, protección y otros chantajes

NARRATIVA ROMÁNTICA
19.9€

Sara es una ingenua e idealista investigadora cuya vocación por mejorar la salud femenina la ha conducido a un pequeño e inestable país de Oriente Medio. Acaba de iniciar un ardiente romance con Marc, el capitán de los cascos azules que le dan cobertura, un francés seductor y sobreprotector, pero también críptico y manipulador. Mientras se adentra en un mundo de placer carnal y emocional intimidante, debe hacer ... Leer más

ISBN/13: 9788419267207

Num. Páginas: 390

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Amor, príncipes y otros cuentos

NARRATIVA ROMÁNTICA
22.95€

La solidaria vocación biosanitaria de Sara casi le cuesta la vida. ¿O quizás ha sido la insensatez de su pasión por Marc? No, ante su madre no va a admitir que está loca por este manipulador militar francés de los cascos azules que le ha salvado la vida y la h... Leer más

ISBN/13: 9788410143463

Num. Páginas: 368

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