Absalón Jiménez Becerra
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Pedagogía y formación docente en Colombia
Sin duda, la instauración de la escuela pública a lo largo del siglo XIX se constituyó en la principal condición de existencia de lo que serían luego las Escuelas Normales, que se configuraron como instituciones especializadas en la formación de maestros de primeras letras, es decir, para los niños de la básica primaria. Luego, en el transcurrir del siglo XX, se conformarían las Facultades de Educación para la formación de ‘licenciados’, dueños de un saber disciplinar, quienes formarían ya no a niños, sino a los adolescentes y jóvenes de la educación media o básica secundaria.En el presente escrito el lector podrá dar cuenta de las tensiones, los encuentros y las diferenciaciones de esta primera experiencia de formación institucional y comunitaria, en lo que respecta a la formación docente —la formación de maestros y la formación de licenciados—. El peso relativo que en cada uno de ellos tiene la pedagogía como disciplina fundante en su proceso formativo; la importancia del estatuto de infancia; la reivindicación del contacto con la escuela y la práctica pedagógica; y la reivindicación disciplinar o científica, no solo de un saber específico, sino de la pedagogía en su proceso formativo.Una vez constituidas las instituciones modernas como Escuelas Normales y Facultades de Educación, aparecen las disposiciones pedagógicas y las políticas de formación docente que han buscado profesionalizar a un funcionario del Estado, de carácter laico y civil.La formación docente hace referencia a la adquisición de saberes a nivel profesional y emocional para desarrollar dicha labor; en términos de política puede ser vista como parte de un perfeccionamiento permanente de quien se dedica a la educación y a la formación de personas, particularmente niños y jóvenes, como también de quien está al tanto de las prácticas de enseñanza y de aprendizaje en las escuelas y colegios. Esta formación ha pasado de ser una experiencia institucional y comunitaria a ser vista como sinónimo de ‘socialización’ e internalización de la realidad escolar, de ‘profesionalización de un sujeto inacabado’ que debe desenvolverse en un escenario profesional que nunca termina de conocer o como un ejercicio ‘de formación continua’; como sinónimo de un espacio pensado para ‘la innovación y el cambio de las prácticas pedagógicas’, que establece como centro de preocupación

Infancia y juventud en Colombia: aproximación historiográfica
El tema de la infancia y la juventud se mantiene vigente en los contextos institucionales y de la academia, en los que a diario evidenciamos una infancia contemporánea de carácter precoz, compleja e inacabada, y un conjunto de jóvenes portadores de una identidad descentrada que el mundo adulto no comprende. La procedencia histórica de estos sujetos, su proceso de constitución e identidad o su formación sociológica y cultural son temas que algunos investigadores comprometidos con los niños y jóvenes —con el reconocimiento e inspección del mundo infantil y juvenil— desconocen. En la actualidad, la infancia contemporánea, precoz e inacabada, y la juventud portadora de una identidad compleja y descentrada hacen presencia en las instituciones tradicionales como la familia y la escuela para cuestionarlas. Estos sujetos han ampliado sus experiencias socializadoras, sobre todo a través de los medios de comunicación, el computador, el acceso a internet, las redes sociales y la economía de consumo en general. Una infancia y una juventud que se encuentran en el borde de la Modernidad demandan de los investigadores sociales nuevas herramientas y lentes de mirada, en momentos en que hay preguntas constantes sobre el sujeto: ¿quién es el otro?, ¿a quién debo formar y enseñar?, ¿cuál es su cosmovisión de vida y mundo? Y en definitiva, ¿cuál es su identidad? Los presentes balances historiográficos dados a conocer por los historiadores Jiménez y Reina se constituyen en un importante aporte para aclarar estas cuestiones.

Historia del pensamiento pedagógico colombiano
El lector hallará reunidos acá siete fragmentos biográficos destinados a reactivar la memoria de la práctica pedagógica colombiana, según una expresión de Olga Lucía Zuluaga. Se trata de una selección de las trayectorias vitales e intelectuales de hombres como don Martín Restrepo Mejía (1861-1940), pedagogo oficial de la Regeneración y la Hegemonía conservadora; Don Agustín Nieto Caballero (1889-1975), pedagogo emblemático de la República liberal y difusor de la Pedagogía activa; el doctor José Francisco Socarrás (1906- 1995), rector de la Escuela Normal Superior, primera institución pública para la formación universitaria de maestros; el maestro Estanislao Zuleta (1935-1990), filósofo autodidacta e intelectual crítico del sistema capitalista y sus instituciones escolares; Marco Raúl Mejía Jiménez (1952) promotor de la pedagogía crítica y gestor de la educación popular en Colombia; Francisco Cajiao Restrepo (1947), licenciado en filosofía y economía, motor del debate contemporáneo en educación; y el profe Antanas Mockus Šivickas (1952- ), matemático, filósofo, pedagogo, rector universitario, alcalde de Bogotá, candidato a la presidencia y actual senador electo por el partido Alianza Verde. Han sido, sin duda, actores significativos en la historia de nuestro sistema educativo moderno —en el amplio arco que abarca desde fines del siglo XIX hasta inicios del siglo XXI—, y sus vidas aportan claves para entendernos. Sin embargo, no es fácil hallar un nombre común para todos ellos: ¿maestros, pedagogos, intelectuales de la educación, funcionarios de la política educativa, agentes culturales…? No es permitido responder con un fácil todas las anteriores, pues aunque cada uno de ellos ocupó varias de esas posiciones, tal vez todas, no todos fueron tan maestros de escuela, ni todos fueron tan funcionarios del Estado… Pero hay una razón más profunda para pensarlo dos veces, antes de etiquetarlos en grupo o a cada uno en particular: la razón histórica que consiste en entender que todos esos nombres o roles no aplican del mismo modo en distintas épocas de nuestra evolución educativa. Llamarse pedagogo, digamos, no significaba lo mismo para don Martín Restrepo Mejía y sus contemporáneos de 1910, que para nosotros los coetáneos del profe Antanas Mockus o del maestro Estanislao Zuleta. Aunque deba reconocerse la persistencia de un cierto aire de familia.
