Adriana Arrieta Murguía
Su libro

Forma, tamaño y lugar del Infierno de Dante
Asombra y maravilla que los hombres hayan podido, a través de su observación perseveran- te, su vigilancia continua y sus exploraciones arriesgadas, determinar la medida de los cielos, sus movimientos rápidos y lentos, sus propor- ciones, el tamaño de las estrellas —no sólo de las cercanas sino también las más lejanas— y la geografía de la tierra y los mares: cosas que, ya sea en su totalidad o en sus partes más grandes, nos parecen razonables; cuánto más maravillosa debemos estimar la investigación y la descrip- ción del lugar y la forma del Infierno. Éste, su- mergido en las entrañas de la Tierra, escondido de todos los sentidos, por experiencia no lo conoce nadie; aunque es fácil de encontrar, es, sin embargo, de difícil regreso, tal como nos lo relata nuestro poeta al decir: Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis (Infierno III, 9) 7 Y su guía: Las puertas del Infierno están abiertas noche y día, llano el descenso y fácil el camino: pero regresar y mirar los cielos alegres es portentosa labor y en esto yace el cometido. (Eneida VI, 192-195) La falta de otras historias se suma grande- mente a la dificultad de su descripción. Para explicar ese teatro infernal, es necesario contar con un cartógrafo y un arquitecto, con sus jui- cios más notables, como, al final, nuestro Dante lo ha probado. Si él, quien desarrolló de modo sublime la asombrosa construcción de los cie- los y diseñó tan exquisitamente el lugar de la Tierra, tuvo la merecida reputación de sustentar el nombre de divino, entonces, por las razones que ya se dieron, ¿no ha ganado nuestro poeta ese título una vez más?
