Adriana Patricia Vallarino Ceseña
Adriana Patricia Vallarino Ceseña, nace en La Paz, Baja California Sur, México el 17 de marzo de 1967.
Residente y adoptada en Nogales, Sonora, México desde julio 2007. En Facebook tiene la página
@lavallarino en “me quedo conmigo”. De profesión Médico, pensionada. Sobreviviente de dos cirugías
cerebrales por aneurisma, con infarto cerebral. Ella asegura haber salido de su cuerpo y verse morir y luego
ser salvada, “tocada por Dios”. En este proceso entendió el valor de la vida, del poder de Dios y del
crecimiento espiritual. Tuvo que volver a aprender a caminar y moverse, a entender el dolor propio y el
ajeno, poniéndose en el lugar del otro “usando su bastón“. Perdió al amor de su vida -que también fue
médico- en pandemia y lo tuvo que dejar ir en silencio quedándose con el corazón roto, acompañada de sus
hijos.
Actualmente es alumna de los talleres de fomento a la lectura y escritura creativa Periodismo cultural impartido por
Imanol Caneyada y Lengua de mariposa, taller de relato autobiográfico y poesía breve para mujeres, impartido por la
maestra Clara Luz Montoya bajo el programa Escuela de Escritores del Instituto Sonorense de Cultura; pero sobre todo
es alumna del mejor maestro del mundo y director: Dios.
Su libro

Entre bastones, amores y otros dolores...
Este libro es un conjunto de pequeños ensayos libres, un conjunto de relatos autobiográficos
que me han servido de catarsis para sanar. Son vivencias de alegría, amor, dolor y
resurgimiento espiritual capturadas en escritos productos de muchos “trancazos” y del mismo
número de levantarse de ellos, a gatas o con paso firme.
Los amores y los dolores los vivimos todos, lo importante es abrazarlos, aceptando,
llorándolos. Muchas veces nos dicen que no debe rebasar el sentimiento, y yo digo que si.
Entregarte al mismo es la mejor forma de liberarse y crecer. Vivir el amor en intensidad, sin
importar el miedo que nos han inculcado de “no te des toda”, de eso se trata la vida, de darte
completa, sin dejar nada para después, porque luego pasa que ya no hay un después y lo que no
diste por orgullo, por miedo, se queda como una carga pesada.
Con el dolor pasa algo parecido, hay que sacarlo, caminando sobre él como si fuera fuego,
cuidando por donde pisas para no quemarte de más. Al llegar al final sientes el alivio de que ya
pasó aun cuando te queden heridas que se harán cicatrices para que nunca olvides.
Sé que nadie quisiera estar en mi lugar: un señor aneurisma cerebral y un infarto cerebral como
complicación, la pérdida del amor de mi vida -mi compañero- y tener que aceptar mi dictamen
de invalidez física.
En un par de años cambió mi vida por completo, no sólo por lo malo, sino porque también he
sido bendecida, porque Dios me acercó a Él, fue como encontrar una barca en medio de un
mar embravecido y que te den la mano para subir y llegar a tierra firme.
Adriana Patricia Vallarino Ceseña, nace
