
Alejandro Terraza González
Alejandro Terraza González (Calama, Chile, 1974). Novelista de la generación de los hijos. Escritor esencial de la literatura contemporánea chilena. Su literatura, enmarcada en el realismo social, a ratos con tinte mágico, deleita con su trazo fino, frescura y personajes variopintos; no dejando de lado el humor ingenioso para ofrecer un análisis profundo del lienzo social y la naturaleza humana del desierto de Atacama, el más árido del planeta; allí desarrolló su ingeniería civil industrial como minero cuprífero de la gran industria, por más de dos décadas, hasta el 2015. Ha logrado el reconocimiento por sus novelas ¡Buen viaje! (2016), que recibió excelentes críticas en Chile y fue reeditada en 2022 como El futuro va quedando atrás, llegando a España y Argentina; en 2023, a Cuba. Otros títulos de igual éxito son ¿Cuántas veces puede morir un hombre? (seleccionada por el Consejo del Libro y la Lectura del Estado de Chile para las bibliotecas públicas; reeditada en España, 2025), El empleado del mes (2018) y Sucedió en París (2025).
Sus libros

Sucedió en París
Natalia ha vuelto para recomenzar. Su introspección hará que el saxofón declame, nostálgico, por la urbe parisina. Escribirá sus memorias y, liberándose de sí misma, comenzará a contar esta novela: «El pájaro que mide el cielo jamás se atreve a volar...».
Sucedió en París es una obra certera, de lenguaje exquisito, capaz de conectar con audiencias de diversas generaciones, pues aborda con habilidad temas universales. Su heroína —con aciertos y equivocaciones que bien podrían ser los nuestros— es una mujer contemporánea resuelta a no rendirse.

¿Cuántas veces puede morir un hombre?
¿Cuántas veces puede morir un hombre? se inscribe con fuerza y autenticidad dentro del realismo social latinoamericano, y lo hace desde un ángulo profundamente humano, cargado de dignidad y ternura. Clodomiro, su protagonista, emerge como una de esas figuras que se quedan en la memoria lectora por su humanidad desbordante: minero, soñador, amante fiel, viejo doliente y niño eterno. La novela sostiene una prosa de notable soltura, sólida; contrastan en ella matices de comicidad, y el todo es un equilibrio delicioso entre lo entrañable y lo descarnado en el universo que despliega.
