Alfredo Jalife-Rahme
Sus libros

Argentina, los fondos buitres y las Malvinas: un enfoque geoestratégico
pEn las Malvinas se juega parte del incipiente nuevo orden multipolar y la presencia anglosajona en el Polo Sur. El desafío no es menor pues exige el abordaje multidimensional geoestratégico alejado del narcisismo geopolítico, y menos aún sucumbir a la despreciable pusilanimidad apátrida. Argentina debe sopesar sabiamente sus alcances y las limitaciones de cada jugada de ajedrez en la que pueda obtener el máximo de beneficios para recuperar las Malvinas, que se han convertido en el icono tanto de su pasado aciago como de su futuro regenerativo. No existe tema que congregue casi en forma unánime a la nación argentina que el simbolismo de las Malvinas; caso sui géneris de la ?sicología de las masas? descubierta por Gustave Le Bon en el siglo XIX, y transmutada a las multitudinarias misas políticas del siglo XXI. Las asíntotas metafísicas de Argentina y sus dilemas shakespearianos irresolubles -como la identidad nacional de Carlos Gardel o la supremacía futbolera entre Maradona y Messi- se disuelven asombrosamente ante el icono del Santo Grial de las Malvinas: el único monoteísmo consensuado de la nación argentina que requiere de otro tipo de cruzadas mentales -que coincide con el ascenso de un Papa jesuita de nacionalidad argentina- para su anhelada recuperación, que traduzca sabiamente el nuevo correlato tripolar geoestratégico y sus regionalismos creativos que se han gestado para que Argentina saque el máximo provecho de lo que le debe la historia y sus vicisitudes geopolíticas. La clave reside en descifrar el momento propicio para también cobrarle sus afrentas a la historia cuando, desde un abordaje multidimensional geoestratégico, la recuperación de las Malvinas se vislumbra en el horizonte. Sólo falta saber concretarlo con el coraje de la prudencia que caracteriza a los verdaderos héroes de todos los tiempos y a sus ilustrados epígonos./p

China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda?
De enfoque multidimensional, concede un lugar apropiado a las geofinanzas sin caer en el vulgar reduccionismo mercantilista (muy socorrido en nuestro medio) y sin perder de vista la geopolítica. En el siglo XI, China –con posesión de la pólvora, la brújula y una de las mejores marinas de su época– no conquistó el hemisferio americano, lo que constituye uno de los grandes enigmas de la Historia. Diez siglos más tarde, después de su decadencia en el siglo XIX, China deja atrás su complejo aislacionista de la Gran Muralla e irrumpe con toda su fuerza geoeconómica/geofinanciera en los cuatro rincones del planeta y, en particular, en Latinoamérica: el otrora patio trasero del declinante poder de Estados Unidos. Los bancos chinos representan la mayor tajada de ganancias bancarias globales: 21% del total global y, según The Financial Times, Latinoamérica constituye hoy la mayor porción de los créditos chinos en el extranjero: del total de sus préstamos durante 2009-2010 por ciento diez mil millones de dólares, más de la mitad se otorgaron a Latinoamérica, cuyas2/3 partes fueron en forma de empréstitos por petróleo. Lo bancos chinos se han enfocado a los recursos naturales y en los sectores de infraestructura. El Banco de Exportaciones-Importaciones de China ofrece menores tasas de interés que su homólogo de Estados Unidos, lo que es aprovechado por Argentina, Ecuador y Venezuela, que padecen el ostracismo y exorcismo financieristasdel G-7. Los propagandistas antagónicos a China fustigan sus inversiones y financiamientos en Latinoamérica con el rostro del dragón. De los propios países de Latinoamérica dependerá que su fisonomía se parezca más al panda. No hay que repetir los mismos crasos errores que en el pasado reciente con Estados Unidos y Europa.

El fin de una era: turbulencias en la globalización
Nuestro mundo evidencia una serie de cambios estructurales cuyo alcance habrá de sentirse por generaciones. Asistimos al fin de una era, cuyo punto de inflexión desde la perspectiva geoestratégica se genera con la desastrosa intervención de Estados Unidos en Irak, inicialmente planificada como vía de escape a una casi inevitable crisis financiera. Desde Shanghai hasta Davos, desde San Pablo hasta Moscú, la globalización tal como la conocemos no podrá resistir indemne las convulsiones que se ciernen sobre ella. Actualmente es más diáfano el trayecto del nuevo orden multipolar: la globalización financiera, de corte trasnacional privado, se encuentra en proceso de desintegración, mientras crece la influencia de la globalización petrolera, de corte estatal y geopolítico. En este libro el autor profundiza en el análisis de la decadencia unipolar de Estados Unidos, acorde al fin de la alquimia financiera a favor del economicismo de las materias primas (en particular el petróleo).

El híbrido mundo multipolar: un enfoque multidimensional
Estados Unidos y China buscan prevalecer en varios frentes en una guerra multidimensional que involucra al planeta entero. En esa guerra multidimensional Estados Unidos se posiciona mayormente en los frentes militar y alimentario (más sutil), mientras que China pasa a la espectacular contraofensiva en los ámbitos geoeconómico y geofinanciero, cuando el rubro geoenergético lo decidirán básicamente Rusia, la OPEP, Canadá y Brasil. En geoeconomía se asienta un empate técnico entre la Unión Europea y el BRIC (Brasil, Rusia, India y China). De todo lo anterior el carácter híbrido de la incipiente nueva multipolaridad que se subsume en el G-20 y que comparten el viejo G-7 y el nuevo BRIC. La resolución conjunta de los frentes aludidos (geoestratégico, alimentario, geoenérgetico, geoeconómico y geofinanciero) definirá la supremacía global que ya no podrá ser más unipolar (léase: estadounidense), sino eminentemente multipolar.

La desnacionalización de Pemex
El enfoque que se aborda en La desnacionalización de PEMEX es multidimensional: El nuevo orden petrolero mundial (Capítulo I); La letalidad geopolítica del ASPAN (Capítulo II); Geofinanzas de los hidrocarburos (Capítulo III); Desprivatización, renacionalización y reestatización (Capítulo IV); La desnacionalización neoliberal de PEMEX (Capítulo V) y El despertar democrático petrolero (Conclusión). Todos los capítulos demuestran la grave equivocación del desmantelamiento deliberado de Pemex, es decir, su balcanización y puesta en bazar al peor postor y al mejor impostor, con el fin de privatizar los hidrocarburos de México.

Las guerras globales del agua: privatización y fracking
Así como el siglo XX significó la época de las guerras del petróleo/gas que formaron parte de los juegos geoestratégicos de las superpotencias, el siglo XXI se orienta a las guerras globales del agua que ya empezaron en algunas zonas del planeta, pletórico de agua marítima y, paradójicamente, sediento para la mayoría de los humanos. Existen dos abordajes que colisionan: 1) la privatización que ha desequilibrado la armonía social, al borde de la ruptura global, mediante las desalmadas cuan inicuas leyes del mercado de la bancocracia/plutocracia, y 2) el enfoque humanista que enaltece el bien común de todos los seres vivientes de la biosfera, concepto (r)evolucionario del geoquímico Vladimir Vernadski. La privatización del agua ha provocado estragos por doquier: desde Bolivia, donde la revuelta de los alienados indígenas contribuyó al derrocamiento del régimen neoliberal, pasando por Alemania, máxima superpotencia geoeconómica de Europa, país en el que el gobierno fue obligado a dar marcha atrás y reestatizar el agua, hasta México, donde la fétida ley Korenfeld —que beneficia a la empresa estatal Mekorot de Israel, coludidos con un íntimo del primer ministro Netanyahu— ha sido puesta en hibernación en su disfuncional Congreso debido al repudio ciudadano. El polémico fracking (fracturación hidráulica) —que usa colosales cantidades del líquido vital, sumado de una centena de arcanas sustancias químicas cancerígenas— sirve de bisagra para la doble privatización de los hidrocarburos y el agua, y ha sido imputado como causal de crecientes sismos. El fracking desdeña el seminal principio bioético —puente entre ciencia y humanismo— primum non nocere (lo primero es no hacer daño). El derecho humano de legaloide asequibilidad del agua solapa su privatización, no resuelve la sed global, sino la mercantiliza con un mínimo caritativo carente de reglas de origen biológico. Hay que atreverse a ir más allá del primitivo y vulgar mercado para propinar un golpe de timón ciudadano y, sobre todo, humanista, que transcienda al agua como un derecho de supervivencia (survival right) de todos los seres vivientes, sin excepciones ni decepciones, en la nueva civilización de la biosfera.

Las revoluciones árabes en curso: el detonador alimentario global
La aparente quietud política del mundo árabe de 22 países que pertenecen a la Liga Árabe (sin contar a la RASD: República Árabe Saharaui Democrática, reconocida por la Unión Africana) se rompió en el lugar menos probable: Túnez, donde la inmolación de un universitario desempleado convertido a obligado vendedor de frutas y verduras detonó una insurrección local que prendió la imaginación de más de 360 millones de árabes y cautivó a los hoy indignados contestatarios globales quienes han estremecido las entrañas de la plutocracia bancaria desde España pasando por Gran Bretaña hasta Wall Street: el corazón financierista de Estados Unidos. Las revoluciones árabes en curso no son aisladas (ni pueden serlo, debido a la superconectividad que ha creado la desregulada globalización financierista del caduco orden unipolar estadounidense) ni han cesado de ser motivo del flagrante injerencismo de las grandes potencias, en especial, de la OTAN que abiertamente tomó partido por una de las partes de la guerra civil en Libia para controlar sus pletóricos yacimientos acuíferos y de hidrocarburos. La nueva cartografía del mundo árabe se está apenas dibujando y su trazado dependerá del resultado de la dinámica de la correlación de fuerzas locales, sin duda, pero más que nada regionales y fundamentalmente globales que reflejan en última instancia el fin del caduco orden unipolar y el asentamiento del incipiente nuevo orden multipolar. No existe ningún hilo conductor racional, ideológico, ya no se diga humanista, de las preferencias selectivas de la OTAN en relación a las revoluciones árabes en curso, con la salvedad inextricable del análisis geopolítico/geoeconómico que expone su agenda oculta con el fin de controlar en la medida de lo óptimamente posible, a nivel regional, tanto los hidrocarburos del Medio Oriente como los puntos súper-estratégicos de tránsito, y a nivel global, específicamente eurasiático, para contener a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en particular, a China y a Rusia. En síntesis se perfila, un año después, una gran Incertidumbre democrática: caída de las repúblicas tiránicas; consolidación de las petromonarquías; eclosión del sectarismo; auge de los Hermanos Musulmanes, y acecho de Al-Qaeda/salafistas. Caracterizar los acontecimientos y las bases en que se asientan éstos constituye uno de los propósitos de este volumen.

Muerte de Pemex y suicidio de México
La captura del golfo de México, por medio de su bursatilización (vía booking), así como la explotación ominosa del shale gas(esquisto/lutita/grisú) en el noreste del país por las cuatro megapetroleras anglosajonas –ExxonMobil, Chevron, Shell y BP (esta última la superlativa depredadora ambiental en el mismo golfo de marras)–, representan el equivalente de la guerra de Irak en México sin haber disparado una sola bala. Pese a la destrucción masiva de Irak –donde nunca se encontró la coartada de armas de destrucción masiva– por la dupla anglosajona de Estados Unidos/Gran Bretaña, las cuatro megapetroleras anglosajonas no pudieron imponer su bursatilización (víabooking), que obtuvieron con facilidad pasmosa en el México neoliberal itamita. La reforma energética en México se incrusta a la Seguridad Energética de Norteamérica, bajo la batuta de Estados Unidos que maneja(rá) y controla(rá) las respectivas políticas de hidrocarburos tanto de Canadá como de México: extensión del fallido TLCAN, el que proseguirá ahora bajo el control militar del Comando Norte como plataforma de su apéndice, la Alianza del Pacífico, a su vez matriz operativa para la Asociación del Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés) que forma parte conceptual de la policía del pivote de Obama para contener a China. Así el México neoliberal itamita –¿sin saberlo?– forma parte de la guerra multidimensional de Estados Unidos contra China, como lo señala para el ámbito geoeconómico, el banquero estadounidense Robert Zoellick: ideólogo conceptual del TLCAN, ex director del Banco Mundial, ex director operativo de Goldman Sachs y ex subsecretario de Estado. El gran perdedor es Pemex a quien dejan morir en agonía lenta, mientras el México eterno se desvanece soberanamente en el suicidio crónico que inició hace 38 años y se acentuó cada sexenio consecutivo, con su respectiva contribución en entregar un pedazo de Pemex, hasta haber colocado hoy el último clavo en su féretro. Los grandes triunfadores son Obama, quien se anota una apoteosis geopolítica que hace mucho no obtenía Estados Unidos en el mundo, y el banco invisible BlackRock, cuya cabeza visible en México lo representa Pedro Aspe Armella, exsecretario de Hacienda, y su grupo financierista en el gabinete. Las implicaciones geopolíticas son enormes. Gracias a la captura de los hidrocarburos de México, Estados Unidos es menos dependiente de la OPEP, en general, y de Arabia Saudita, en particular. Se trata de la mayor tragedia geopolítica del México moderno cuyos efectos reverberarán durante décadas.

Geopolítica del yihadismo global
Después de la captura de grandes extensiones de territorio a los dos lados de la transfrontera de Siria e Irak, los sunitas del Estado Islámico de Irak y el Levante (Siria y Líbano) -ISIS, por sus siglas en inglés, y DAESH, en árabe- proclaman la restauración del Califato del nuevo Estado Islámico. Su enigmático líder Abu Bakr Al-Baghdadi es proclamado el califa del nuevo Estado. La selección es muy sugerente ya que el primer califa del Islam fue justamente Abu Bakr, y al Baghdadi significa oriundo de Bagdad.

El (des)orden global en la era post-Estados Unidos
La decadencia de Estados Unidos se ha acelerado, y ahora el mundo se desliza a un desorden significativo sin una fuerte estructura internacional capaz de manejar los problemas, ya que todas las estructuras caducas del viejo orden de la postsegunda guerra mundial, primero bipolar, entre Estados Unidos y la URSS; luego unipolar, después del colapso de la URSS, son patéticamente disfuncionales: ONU, FMI, BM y OMC. Hoy el mundo es idílicamente multipolar, pero cruda y militarmente tripolar, donde Obama legó su doble caos, doméstico/global, cuando puso a la defensiva en todos los ámbitos a Rusia, por medio de sus inoperantes sanciones, y a China, mediante su estrangulamiento mercantilista de la incinerada Asociación Transpacífico, enterrada por Trump.

Trump y el supremacismo blanco
Lejos del condicionado simplismo primitivamente maniqueo y lineal existen hipercomplejas lecturas multidimensionales a niveles local/regional/global después del triunfo de Trump. Principalmente el movimiento estructural del trumpismo que representa el canto de cisne del supremacismo/nacionalismo económico que se subsume en los desempleados WASP (blancos anglosajones protestantes). El trumpismo (con o sin Trump) sufre de alienación demográfica y sicológica cuando todavía los blancos no-latinos ostentan 62% de la población, en franco declive, frente al ascenso irresistible de los latinos (hoy 18%), a cuya cabeza se encuentran los mexicanos (80% de los latinos), que será el principal segmento demográfico en una generación, y los asiáticos, que en su conjunto trastocarán la estructura racial de Estados Unidos en 2050, de acuerdo con proyecciones demográficas.

La invisible cárcel cibernética: Google/Apple/Facebook/Amazon/Twitter (GAFAT)
El simple hecho de que Estados Unidos haya sido el inventor de Internet, mediante el proyecto militar DARPA del Pentágono, le ha impregnado una singular hegemonía descomunal, pero que empieza a ser mermada por sus rivales cibernéticos: China y Rusia. La guerra cibernética ha empezado. Ahora que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, entregó a sus verdugos en forma nada gloriosa al fundador de WikiLeaks, Julian Assange (de doble nacionalidad australiano-ecuatoriana), se ha desencadenado un gran debate en el decadente Occidente (Whatever that means) sobre la libertad de expresión y su censura en la era cibernética, dominada por las joyas tecnológicas de Silicon Valley del GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter) que irrumpen hasta en la intimidad del código genético de los valetudinarios ciudadanos.
