Alhambra Garciolo
Nací en La Herradura, un pequeño paraíso de la costa granadina. Siempre me sentí una niña un poco rara, de pequeña tenía un amigo imaginario con el que charlaba horas y horas sin parar, me gustaba disfrazarme con cualquier trapo que hubiera por la casa y coger un cepillo para utilizarlo de micrófono en todas mis actuaciones. Llegaba del colegio deseando terminar la comida y encerrarme a imaginar, no fui fanática de la lectura hasta mayor, de hecho, me tenían que obligar a leer y, fíjate, acabé estudiando Arte dramático.
Siempre me he considerado una persona muy romántica, algo poco habitual para la edad que tenía, pero me encantaba dedicar cartas de amor, escribir mis sentimientos, esos que muchas veces me costaba expresar de otra forma.
Su libro

Cuando me miras por dentro
Sucede, sucede que las manos hablan solas, que sobre papel con tinta o sobre las nuevas «notas» del móvil desprenden todo lo que se calla, todo lo que a veces callo, y ahí comienza la revolución en mis manos. Historias por venir, amores que ya fueron y capítulos a medias que he cerrado por no querer ver el final.
