Ángel Oliva González
Ángel Oliva González nació en Córdoba en 1937. Con sus padres se trasladó a Sevilla y después a Cádiz, donde estudió Humanidades y Letras.
Una vez terminada la carrera, volvió a Sevilla, donde hizo mercantilismo, diplomándose en Estudios Tributarios y Asesoría Fiscal.
Durante sus estudios colaboró en diversas revistas literarias, obteniendo algunos premios por su colaboración.
Hoy se dedica en pleno a lo que más le gusta: la Literatura. Tiene en su haber novelas de carácter social, siendo la presente una obra más de
sus creaciones.
Sus libros

Días de ira
El autor nos deleita aquí con una de sus creaciones literarias más emocionantes, desarrollada en un pueblecito aparentemente tranquilo donde sus protagonistas, un sacerdote, que por defender la homosexualidad es trasladado allí para sustituir a otro que desapareció misteriosamente y los vecinos, totalmente fieles a las acciones diabólicas dirigidas por una sacerdotiza de Pazazu. El autor hace desfilar por sus páginas multitud de destinos trágicos, episodios de misas negras, suficientes para herir las sensibilidades mas duras. Serán días de ira entre el cielo y el infierno.

El esenio
Desnudando los dogmas, creencias arraigadas, descritas y manipuladas desde hacen más de dos mil años por diferentes corrientes religiosas de aquél entonces, fueron los Esenios los protagonistas del principal escenario donde todo cambió, todo se transformó. El autor da un giro de 90° y describe la vida de Jesus como jamás se describió: cruda, audaz, avalada de conocimiento y revestida de investigación. Interpreta los hechos con lógica donde los lectores pueden hacer un viaje al pasado y encontrar al Hombre, viviendo su vida con toda plenitud y volver al presente con otra visión, donde el esplendor de Jesus no cambia al hombre en su humanidad.

Del laberinto al treinta
Dentro de un universo muy diversificado, está el Laberinto, un barrio muy singular, con vecinos llenos de conflictos, de dramas familiares, secretos bien guardados, pero con la magia agradable, jocosa, y el surrealismo vívidamente evocado cuando todos se juntan en el Treinta, un emblemático bar donde nadie sabe de tiempo ni palabras para definirlo, pero que todos los que van allí lo hacen muy divertido. Acuden con un solo deseo: el cotilleo y exteriorizar sentimientos, que comparten con los demás. El Treinta, centro diario del barrio, donde el autor une el dramático quehacer y la amistad, define la lectura atrayente, seductora y deleitable de esta novela.
